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16 de octubre 2003 - 00:00

Boca tenía todo y se quedó con muy poco

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El gol de Tevez (a los seis minutos) presagiaba una tarde tranquila para el puntero del torneo, acostumbrado a «manejar» los partidos. El primer tiempo fue una lucha constante en la mitad de la cancha donde sobresalieron Franco y Leiva por un lado y Cascini y Battaglia por el otro. Hubo muy pocas jugadas de gol y fueron favorables a Boca, con Estévez y Tevez formando una dupla letal.

Bianchi intentó asegurar el resultado y -si se analiza lo que ocurrió después-se equivocó. Hizo ingresar a Villarreal por un tibio Iarley y formó dos líneas de cuatro separando a los mediocampistas de los delanteros. Seguramente, la intención era dejar venir a Banfield y jugar de contraataque con la velocidad de los delanteros (táctica que muchas veces le dio buenos dividendos).

Esa circunstancia le dio confianza a Banfield, que con los ingresos de Hernán González y Raponi tuvo mejor manejo de la pelota y empezó a arrimarse al área rival. En el mejor momento de Boca (tuvo tres situaciones claras para definir) llegó el gol del empate de Raponi, que sacó un remate inesperado desde una posición muy cerrada. A esa altura Noce ya había sacado tres remates de gol y el travesaño había devuelto un tiro de Estévez.

El empate abrió el partido, porque Boca salió a buscar el triunfo y Banfield devolvió «golpe por golpe».

Tácticamente se desordenaron los dos y eso favoreció al espectáculo que se hizo emotivo. Tanto, que hubo cuatro goles en 9 minutos. Primero una «perla» de Tevez, que recibió de Estévez, eludió a Noce con un quiebre de cintura y la empujó a la red. Después el nuevo empate de Banfield en un cabezazo de Ortiz, aprovechando un «quedo» de Abbondanzieri. Luego el sorpresivo desnivel en favor de Banfield en un contraataque donde Bustos Montoya encontró a toda la defensa mal parada y, por último, cuando Banfield había renunciado al ataque y se defendía cada vez más cerca de Noce, el empate definitivo en un impecable cabezazo de Battaglia.

Boca volvió a respirar y sus jugadores empezaron a preguntar cuántos minutos faltaban para intentar ganar el partido que se les escapaba. No tuvo tiempo. Banfield armó una línea de cinco defensores a los que les agregó a sus tres mediocampistas y dejó solo a Bustos Montoya para pelear con la defensa rival. Boca con tres delanteros -entró
Cángele por Cagna-intentó de todas las maneras conseguir ese gol. No pudo. Fue un Boca desconocido porque le sobró corazón, pero le faltó cerebro.

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