Argentina finalizó en la 34ª posición del medallero de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, cuatro más arriba que en Atenas 2004, a pesar de que cosechó la misma cantidad de preseas: dos de oro y cuatro de bronce.
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En Pekín, la ratificación de un futuro sobresaliente para nuestro fútbol, con figuras de la talla de Lionel Messi o Sergio Agüero y revelaciones como el caso de Angel Di María, y la consagración de una leyenda del ciclismo como Juan Curuchet fueron los puntos más altos de la participación argentina.
Apenas un escalón más abajo estuvieron los bronces de la judoka Paula Pareto, los veleristas Carlos «Camau» Espínola y Santiago Lange, en la clase Tornado del yachting, el seleccionado de hockey femenino, Las Leonas, y el equipo de básquebtol. El tenis, el remero Santiago Fernández, la judoka Daniela Krukower y la nadadora Georgina Bardach, en tanto, no rindieron como se esperaba y expresaron las máximasdecepciones de la labor nacional en estos Juegos.
Con Diego Maradona como principal fanático, el equipo de fútbol dirigido por Sergio Batista en el banco y Juan Román Riquelme en el campo, cumplió con todas las expectativas y se subió nuevamente a lo más alto del podio, con Messi como figura descollante y Di María como revelación. El rendimiento del conjunto argentino fue de menor a mayor e incluyó una goleada en semifinales nada menos que ante Brasil, antes de vencer en la final por 1-0 a Nigeria, del que se tomó revancha de aquella caída en Atlanta 96.
Juan Esteban Curuchet brindó una estupenda lección de perseverancia y convicción deportiva, al adjudicarse la Medalla de Oro en la prueba Americana de ciclismo, a los 47 años, en su sexta participación olímpica, récord absoluto de presencias entre los atletas argentinos. El marplatense coronó con un primer puesto su última competencia internacional, junto a su compañero de equipo, Walter Pérez, a pocos meses de su retiro definitivo de la actividad.
En tanto, la joven judoka Paula-Pareto cosechó el bronce en su primera experiencia olímpica, en la categoría de menos de 48 kilogramos, y se convirtió -tal como Curuchet-en la primera medallista argentina de la historia de su deporte.
Lo de «Camau» Espínola y Lange, en el yachting, fue distinto. El velerista correntino sumó su cuarta presea consecutiva en sus cinco participaciones olímpicas y se consagró como el deportista nacional con más medallas de la historia. De esta forma, la dupla de la clase Tornado repitió su logro de Atenas 2004.
Las Leonas vivieron también aquí una jornada muy emotiva cuando conquistaron el Bronce ante Alemania, ya que varias de sus jugadoras cerraron un exitoso ciclo olímpico. Fue, además, el adiós definitivo de su capitana y símbolo, Magdalena Aicega.
Del mismo modo, la « Generación Dorada» del básquetbol argentino brilló en Pekín.
Los diplomas olímpicos fueron para la ciclista María Gabriela Díaz, quien fue quinta en la final del BMX, una especialidad que debutó en estos Juegos Olímpicos, la taekwondista Vanina Sánchez Berón, séptima en la categoría de hasta 67 kilogramos, y Julio Alsogaray, debutante en la clase Láser del yachting.
Por su parte, el atletismo volvió a demostrar las enormes distancias que separan a la Argentina de las potencias mundiales, aunque hubo rendimientos individuales que merecen ser destacados, como el del mediofondista Javier Carriqueo, quien quedó cerca de la final de los 1.500 metros.
Pekín marcó el retiro internacional de la mejor garrochista argentina de la historia, Alejandra García, finalista en Atenas 2004, pero que aquí no pudo superar los 4,15 metros, y el debut del atleta más joven de la historia argentina, el marchista Juan Manuel Cano, de sólo 20 años. En cuanto a los rendimientos más bajos, el tenis, con figuras como David Nalbandian, Guillermo Cañas, Agustín Calleri y Juan Mónaco, estuvo lejos de lo que se esperaba.
Apenas uno solo llegó hasta la tercera ronda, Nalbandian, pero allí sucumbió ante el francés Gael Monfils.
La natación estuvo muy lejos de las figuras internacionales, aunque la mayoría de los resultados era previsible, excepto el caso de la cordobesa Georgina Bardach, quien cumplió una pobre labor y ni siquiera se presentó a competir en su última prueba.
Su coterráneo José Meolans, ex campeón mundial de los 50 y 100 metros libres en pileta corta, se retiró aquí del seleccionado argentino y dejará la actividad completamente en enero de 2009. En judo, la máxima decepción fue Daniela Krukower, quien había llegado como la portadora de las máximas ilusiones y se fue con sólo un triunfo y dos derrotas, a las que les sumó una enérgica protesta contra los árbitros del certamen. Finalmente, el remero Santiago Fernández tampoco obtuvo los resultados deseados, ya que se había preparado para intentar llegar a lo más alto del podio y ni siquiera pudo acceder a las semifinales del single scull masculino. Pero su pálida actuación fue compensada con una actitud digna de un gran deportista, al ceder la distinción de ser el abanderado de la delegación argentina en la ceremonia de clausura -para la que había sido designado-para que la portara Juan Curuchet, el hombre que a los 47 años se convirtió aquí en una leyenda del deporte mundial.
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