Cuando transcurrían 35 minutos del segundo tiempo, la hinchada de Boca dio a conocer "la sorpresa" que tenía preparada para River y que había anticipado que mostraría.
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La parcialidad local prendió bengalas azules y amarillas que llenaron la tribuna, y parte del campo de juego, de humo que dificultaba la visión. En ese instante, varios hinchas se disfrazaron de fantasmas con la letra B en el pecho y treparon el alambrado.
Además, colgaron una bandera que se burlaba del descenso de River en la temporada pasada.
Mientras esto ocurría, el árbitro Germán Delfino no tuvo otra opción que detener las acciones por diez minutos. Para colmo de males, una vez reiniciado el juego, una bomba de estruendo, desde la otra tribuna (también ocupada por Boca en sus dos bandejas más bajas), cayó en el área de River, cerca del arquero Marcelo Barovero.
Delfino debió adicionar 12 minutos en un Superclásico con poco en el campo de juego, pero que no merecía ser suspendido por las acciones de las tribunas.
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