La última década fue muy dura y cruel para Juan Martín Del Potro. Las lesiones mellaron una carrera que estaba llamada a ser aún más grandiosa de lo que fue. Las internas políticas, que él mismo decidió protagonizar, lo llevaron al barro. Pero siempre encontró la forma de transformar en fuego las cenizas. Hace casi una década recibía silbidos por la Copa Davis y ahora, en la última mano de la partida, con cartas imposibles de jugar, se convirtieron en el clamor popular que despidió de los courts al último hijo pródigo del tenis argentino.
Ya lo había anticipado el propio “Delpo”, súperatleta innato: esto no fue un regreso a la competencia sino la posibilidad concreta de un adiós. Si la sola presencia del exnúmero 3 del mundo era motivo para desatar un huracán de fanáticos, el hecho de ser una de sus últimas funciones provocó una histeria que remite al momento más álgido de la popularidad de los Beatles. Y todo eso se plasmó en el instante mismo en que el ídolo salió al Court Central Guillermo Vilas para debutar en el Argentina Open.
Poco importa a estas alturas el resultado formal del partido, que quedó del lado de Federico Delbonis por 6-1 y 6-3. La respuesta a la pregunta tan recurrente de los últimos tres años, cuándo vuelve Del Potro, finalmente se materializó este martes. Atrás quedaron los fantasmas. El dolor está y fue muy evidente la falta de movilidad y de timming de competencia (sus golpes estridentes quedaron en el pasado), pero la “Torre” se sacó esa espina que lo carcomía por dentro: que el inevitable epílogo sea en una cancha.
Pasaron 965 días para que el campeón del US Open 2009 vuelva a empuñar una raqueta en forma oficial. El 19 de junio de 2019 se patinaba en Queen’s ante Denis Shapovalov y la lesión en su rodilla derecha que había sufrido en octubre de 2018 recrudecía. Desde entonces atravesó cuatro cirugías para intentar competir nuevamente.
La última vez que Del Potro jugó en el país por los puntos fue el 14 de septiembre de 2012, por las semifinales de Copa Davis. Ese viernes venció en tres sets al checo Radek Stepanek. Eran épocas en las que la lesión en su muñeca izquierda comenzaba a diezmarlo. El domingo que cerraba la serie no pudo salir a disputar el último punto y estalló la interna con el entonces capitán Martín Jaite y fundamentalmente con Héctor Romani, quien ostentaba el poder.
Cuando “Delpo” salió del estadio una vez consumada la derrota ante República Checa, desde algunos sectores del Parque Roca bajaron silbidos teledirigidos. En febrero de 2014, en Mar del Plata, Argentina se medía a Italia y los abucheos crecieron, fomentados desde ciertos sectores del stablishment del tenis argentino, todavía en la administración de la AAT.
Luego de esos episodios de 2012 el as de espadas del equipo argentino decidió no jugar más en la Selección. Ya no era una cuestión deportiva, sino ideológica, que lo enfrentaba con los dirigentes. Reclamaba cambios estructurales en el tenis vernáculo, que llegaron tiempos después, cuando la Asociación sufrió la muerte del presidente Arturo Grimaldi y hubo una rotación de nombres. La misión, entonces, fue recuperar la conexión con el máximo exponente.
En medio de esa lucha, Del Potro atravesó su segundo gran parate, cuando la muñeca izquierda dijo basta y tuvo que operarse tres veces. Su resiliencia y deseo de volver a ser caló hondo en el público argentino, que ya desplazaba los silbidos por mensajes de recuperación. Como dice el refrán, no hay mal que dure 100 años.
Quedó de manifiesto este martes que el ganador de 22 títulos no es uno más para el mundo del tenis. El público, ávido de ver una vez más sus derechas llenas de pólvora, hizo lo imposible para estar en su debut en el Argentina Open. Y se lo dejaron de manifiesto una vez que el tandilense pisó el mítico polvo de ladrillo porteño. Su absorbente figura eclipsó todo en el certamen.
Artífice y superhéroe del título de Copa Davis en 2016 –la materialización de los cambios gestados en 2014-, “Delpo” se erigió en el valor más preciado para cada fanático del deporte de las raquetas. Durante esa temporada protagonizó algunas de las batallas más épicas de la mitología tandilense. Si obtener la Ensaladera está en la cúspide, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro –triunfo a Novak Djokovic y Rafael Nadal mediante- surge como el otro gran momento del año. Ya no había vuelta atrás: volver a escuchar silbidos resultaba algo fantasioso.
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La banda de amigos de Juan Martín, los que llegaron desde Tandil, entraron minutos antes del inicio del partido a puro bombo y platillo y le dieron un clima bien futbolero y ruidoso a la previa, casi como si se tratara del recital de una de las bandas más convocantes del plano nacional. Gritos de un lado y del otro en aliento al actual 753 del ranking ATP para darle ánimos y levantarlo tras cada punto perdido.
No sólo se llenó de famosos de todas las procedencias. Un rato antes de que las pelotitas vayan y vengan, la cola para ingresar al BALTC superaba las cinco cuadras. Incluso el predio estuvo colmado y el epicentro fue la pantalla gigante ubicada en un extremo del patio de comidas.
“Mi rodilla no es compatible para jugar el tenis. Quiero mejorarla para vivir. Hoy es un punto y aparte, el tenis queda a un costado hasta que pueda poner las cartas sobre la mesa e intentar de nuevo", anunció Del Potro tras el partido y avisó que deja abierta la puerta para un eventual regreso si su salud mejora en el día a día.
Sólo el propio Del Potro determinará si hay otro capítulo en su historia. Tal vez, el héroe de los mil milagros se dé la posibilidad de tener un último regreso lleno de gloria. Su paso por Buenos Aires quedó grabado a fuego en los anales del torneo. Tan como él en las páginas más glorias del tenis argentino.
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