“Mirá, ese es el amigo de Djokovic”, repiquetea por los pasillos del Racket Club, en Palermo. Carlos Gómez-Herrera está en el puesto 416 del ranking ATP y a sus 31 años sufrió lesiones que le costaron algunas semanas de su carrera. En el Challenger de Buenos Aires su historia no pasa desapercibida: la amistad con el N°1 del mundo.
Es un tema recurrente cada vez que se expone a los medios. Como una marca indeleble, le resulta imposible escapar a este tema. Pero lo cuenta con orgullo, y en diálogo con Ámbito desmitifica las malas relaciones en el circuito de tenis.
A Novak Djokovic lo conoció hace ya varias temporadas. El vínculo nació a partir de Marko, el hermano del mejor tenista del mundo. “Él es de mi edad, coincidimos mucho ya desde los 18 años y entablamos una relación muy personal”, le cuenta a Ámbito.
Hace un tiempo que el serbio tiene una casa en Marbella, ciudad natal de Gómez-Herrera. Ambos viven a muy poca distancia y suelen encontrarse en entrenamientos con Pepe Imaz, coach del jugador español. “Con los años compartimos muchas experiencias juntos, en la pandemia estuvimos juntos”, rememora.
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Carlos Gómez-Herrera, en el Challenger de Buenos Aires. "Aquí el tenis se vive en otro ambiente, y es una de mis ciudades favoritas", le aseguró a Ámbito.
Prensa Challenger de Buenos Aires
La relación se mantuvo fuera de las canchas y sólo habían jugado juntos en contadas ocasiones. Sin embargo, en junio llegó una oportunidad que desató una revolución en Mallorca. Djokovic iba a disputar el dobles del torneo como preparación para Wimbledon. Y claro está, su amigo iba a ser su compañero. Llegaron hasta la final, donde el tandilense Máximo González y el italiano Simone Bolelli ganaron el título por retiro del español.
“Un día acababa de perder en un challenger en Aix-en-Provence y recibí una llamada de él proponiéndome jugar el doble. Obviamente que acepté y agradecí por la posibilidad”, desliza, afable, Gómez-Herrera.
En pleno aislamiento obligatorio por la pandemia de Covid-19, Djokovic mostró su vida en Marbella, donde realizó la cuarentena. A sólo tres minutos de allí vive el español, que sacó un permiso como deportista para poder moverse. “Intentamos llevarlo de la mejor manera posible, como todo el mundo. Hay gente que tiene posibilidades diferentes al resto, y no hay que ser hipócritas, por qué no aprovecharlo. Obviamente no subíamos nada a redes sociales. Intentamos disfrutarlo, porque no estamos tan acostumbrados a estar tanto tiempo en un mismo sitio”, recuerda sobre aquellos días de dudas y temor.
La ciudad andaluza fue sede de un ATP 250 en abril y su hijo pródigo no podía faltar. Durante dicha semana vivió una situación curiosa: pese a estar en su tierra, fue obligado a respetar la burbuja sanitaria en el hotel Puente Romano, un lugar al que define su propio hogar.
“Entreno ahí y soy socio desde niño. Tuve facilidades para que me sintiera como en mi casa”, explica Gómez-Herrera. ¿Por qué un tenista no podría vivir en su morada en un torneo en su ciudad natal? “Pedí el permiso para estar en mi casa y limitarme a moverme entre mi hogar y el club, pero al ATP no me lo concedió”, detalla.
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ATP/Tennis TV
“Ahora llevo ocho semanas fuera, con una sola noche con mi pareja y mi perro. Envidio a los argentinos que están aquí porque están en sus casas”, amplía. “Son protocolos que quedan un poco en el margen, en mi opinión, de ser estúpidos y no tener sentido”, critica sin perder la compostura.
Gómez-Herrera fue eliminado del Challenger de Buenos Aires en primera ronda al caer 6-3 y 6-4 frente a Juan Ignacio Londero, precisamente una de sus mejores amistades en el circuito. Según su visión, sobrevive una visión errónea sobre el circuito y la imposibilidad de tener relaciones cercanas.
“Creo que en el circuito masculino es un mito. Yo no soy sudamericano, pero el 80% de mis amigos tenísticos los son. Somos jugadores, pero somos personas. Salimos a la cancha e intentamos hacer nuestro trabajo; eso no significa que queramos el mal del otro. Yo diría que hay muchas amistades que enemistades”.
En Buenos Aires empieza a marcar presencia la primavera y el sol castiga durante todo el día. En Europa es todo lo contrario: los torneos empiezan a jugarse bajo techo, en canchas súper rápidas.
Para un tenista del Viejo Continente existe una facilidad a la hora de programar sus competencias. Los certámenes suelen estar a poca distancia de sus hogares; en caso de una derrota temprana se puede volver rápido, sin tanto desgaste. Para los sudamericanos eso no existe y por eso se arman giras prolongadas, para evitar costos y tiempos. Entonces, ¿por qué un español opta por los challengers de esta parte del mundo?
“Por mi ranking actual, tenía la sensación de que en estos torneos iba a ser más fácil entrar a un cuadro principal sin pasar por la qualy, porque hay gente de muy buen nivel. Es verdad lo de las distancias, pero el tenis es un deporte de sacrificios, y yo los empecé a hacer un poco tarde”, sostiene.
“Económicamente también hay una diferencia, porque en Europa es todo más caro. Exceptuando los vuelos, acá es todo mucho más barato para nosotros. Si fuera todo al mismo precio, quizás sería diferente. Y aquí hay público, que lo añorábamos”, evalúa el ibérico.
Gómez-Herrera disputó varios de los torneos challengers de esta gira denominada Legión Sudamericana, que abarca una treintena de citas en todo el continente. “Quiero agradecer a Horacio De la Peña (Ndr.: extenista argentino, ideólogo de este circuito), porque lo que hizo no tiene palabras. Y lo digo yo que soy europeo, estoy completamente agradecido por lo que está haciendo”.
El sistema global del tenis ha recibido muchas críticas por la falta de oportunidades para cierto sector que necesita insertarse y afirmarse en el profesionalismo. Jugadores con largas semanas de competencia para poder hacer una diferencia económica y de puntos, con sacrificios desorbitantes. El español, a pesar de tener 31 años, no oculta su parecer.
“Siento que es un tema que lleva muchos años hablándose. Aquí una primera ronda son 500 dólares, y de repente podés jugar con Londero, que ya ganó un ATP. A nivel económico y puntos no se compara. Por pasar la qualy te dan 4 puntos, y te enfrentás a gente que puede ganar el torneo. No está acorde el nivel del torneo con los puntos y los premios”, cierra.
Gómez-Herrera se aleja del Racket tranquilo, valija en mano y con una nueva experiencia en una de sus ciudades favoritas (ya había jugado el Argentina Open). Dentro de poco volverá a su Marbella natal a recuperar fuerzas y energías. La misma ciudad que aloja a su amigo Djokovic.
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