Santiago Silva es así. Pasional y desaforado a la hora de los festejos. Y mucho más si su gol sirve para empatar el Superclásico cuando menos se lo merecía su equipo.
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El uruguayo anticipó a Leandro González Pirez y definió una gran jugada de Walter Erviti a pocos minutos del entretiempo. Y su grito, venas marcadas en el cuello mediante, fue de puños apretados de cara a la tribuna local.
Pero en el medio de la celebración, un fotógrafo quiso tener el primer plano del grito sagrado pero no pudo. Silva le agarró la cámara con firmeza y se la quiso quedar. Pero el trabajador gráfico la agarró fuerte e impidió que el uruguayo lograra su cometido.
Una anécdota simpática en un partido que entregó pocas emociones.
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