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Sobre Argentina habrá que señalar que a la fuerte pegada de Milinkovic se le fueron incorporando otros aditamentos: la mejora en el armado de Weber, la potente pegada de Elgueta (fundamental en el triunfo ante Italia), las correcciones realizadas por Spajic en su saque (siguiendo sólido en bloqueo y pegada) y una sorprendente producción de un banco que era todo un misterio y que resultó de un nivel fuera de lo común.
Habrá que hablar también de la experiencia de Conte, el aporte de Giani y -fundamentalmente-Meana en la contención. Tampoco estuvieron por debajo Ferraro, Porporato o Darraidou, cuando les tocó el turno de intervenir. Si a ellos se les une «el jugador número siete» (como bautizó Elgueta al aliento incesante del público) que saca al equipo cuando «entra en algún pozo» anímico, se puede afirmar que todo es posible.
Basta con detenerse en las palabras del técnico Carlos Getzelevich para tener una idea de lo trascendente del resultado de este partido: «Me preguntan cuál es el techo del equipo y debo decir que no lo sé, al punto de que vamos por la hazaña. Respetamos a Francia y a todos los equipos que llegaron a esta instancia, pero el equipo está sólido, unido y sin vedetismo».
Como último dato vale señalar que Francia, no casualmente, venció a Rusia en la primera fase, y a Holanda y República Checa en la segunda, cayendo sólo ante el potente equipo de Brasil. Francia basa su juego en la eficiencia defensiva, que se apoya en su líbero Hubert Henno (primero en porcentaje en su puesto) y en el juego de Stephane Artiga, pero posee un atacante desequilibrante, como lo tienen otros equipos.
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