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La primera novedad consiste en que las pruebas oficiales de clasificación estarán concentradas en la tarde de cada sábado, con dos sesiones casi sucesivas: la primera establecerá el orden de partida de la segunda, que decidirá la grilla de salida para el domingo.
Esto introducirá cambios en las estrategias, ya que, mientras en el Mundial 2003 el viernes se probaba con muy poco combustible (no más de 20 o 25 kg), ahora en la primera sesión del sábado será importante girar en las mismas condiciones de puesta a punto que en la segunda, que se efectuará pocos minutos después, con 50-55 kilos de carburante, antes de que la máquina vaya al parque cerrado.
Por la nueva reglamentación, el motor de cada máquina participante deberá ahora -entre pruebas y Gran Premio-soportar sin ser cambiado y sin intervenciones mecánicas de relieve por lo menos 750 km (antes, el límite de vida exigido era de 400), en lo que será un fuerte desafío en el campo de la confiabilidad.
Asimismo, la eliminación del «launch control» o sistema de largada asistida, que dejaba en manos de la electrónica ese momento crucial de cada GP, pondrá de relieve las virtudes o defectos de cada piloto para reaccionar con mayor rapidez al instante en que se apaguen las luces rojas sobre la línea de partida. En cuanto al «traction control», admitido en carrera, no deberá entrar en función en las delicadas primeras fases de cada GP, sino después de los 100 km, pero no habrá más programación previa vía software de las escaladas múltiples de la caja de cambios, como era permitido hasta 2003.
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