Dio la sensación de que hubo dos Gimnasia: uno hasta la expulsión de Pautasso y otro a partir de quedarse en inferioridad numérica. Cuando tuvo el equipo completo, se vio superado por un Alianza que lo complicó permanentemente con la inteligencia de Jayo, la conducción de Olcese y la movilidad en todo el frente de ataque de Farfán y Tagliani.
Gimnasia no lograba conseguir la pelota, porque la misma no pasaba ni por Leiva ni por Lobos y, por lo tanto, Enría se debatía solo en los últimos metros del ataque.
Sin embargo, cuando Pautasso tuvo que dejar la cancha, se «armó» otro Gimnasia. Sanguinetti pasó a formar la línea de cuatro. Lobos quedó por derecha, Leiva por el sector izquierdo y Esteban González quedó solo en la marca. Entonces, con poco fútbol, pero con una gran cuota de esfuerzo y coraje, Gimnasia fue hacia adelante. Logró empatar y le planteó el partido de igual a igual hasta el final. Y hasta lo pudo haber ganado.
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