El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En realidad, Independiente intentó con fuerza, coraje y dientes apretados, pero le faltó fútbol. El que lo distinguió durante todo el torneo Apertura y que ayer pareció haber olvidado. Insúa, Montenegro y hasta Silvera sufrieron una «amnesia futbolística» llamativa. Intentaron muy poco y también habrá que decir que no les salió ninguna, por lo que hubo que reemplazar el fervor de Pusineri, las ganas de Guiñazú para resguardar la categoría excepcional del único talentoso que no se olvidó de jugar, como fue Gabriel Milito. Aunque «el gran capitán» de Independiente juega de defensor y, por tanto, es muy difícil que pueda resultar un factor de desequilibrio en el área adversaria.
¿Qué fue Lanús? Un equipo ordenado defensivamente, que arriesgó poco y se llevó todo. Cuando tuvo la pelota, trató de que pasara por Hugo Morales y Carlos Moreno, sus mediocampistas más talentosos, y tuvo en Bustos Montoya a un movedizo delantero que siempre encontró el espacio para moverse a espaldas de los defensores. Justamente, Bustos Montoya fue el generador del único gol del partido, porque a él le cometió Guiñazú un ingenuo penal.
En el segundo tiempo, con el resultado a favor, Lanús armó dos líneas de cuatro y dejó que Independiente mane-jara la pelota. Intentó contraatacar, pero muy pocas veces lo logró y terminó con muchos jugadores metidos en su área, rechazando a cualquier parte. Ante esto, Independiente hizo todo lo contrario de lo que hay que hacer: puso mucha gente en el área y generó mayor confusión. Y «a río revuelto»..., Lanús se quedó con la totalidad de la pesca.
Dejá tu comentario