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Estados Unidos a través de la NBA fue el primer país que desarrolló la explotación de la formidable riqueza que representa la pasión deportiva. Aunque los clubes no pueden olvidar ya su condición de sociedades mercantiles, no son nunca empresas en sentido estricto. Al contrario de aquéllas, los malos resultados (económicos o deportivos) no afectan proporcionalmente la adhesión de los accionistas. Los hinchas ya no son únicamente locales, y en ellos no actúan los antiguos factores, sino una adhesión equivalente a la que despiertan los ídolos del rock. No se sigue al Real Madrid o al Manchester por ser de una u otra ciudad, ni siquiera por pertenecer al mismo país, sino por haberse entregado a su fascinación como un admirador planetario que compra tanto camisetas, ceniceros, radios o café porque lleva esa marca.
El fútbol es progresivamente cultura pop, asimilable a las llamadas de los grandes conciertos y celebrado por seguidores de todas las partes del mundo. En ese universo, la figura de Beckham se ha hecho capital. Doblemente: se ha hecho un capital seguro para el marketing y se ha hecho capital en la apariencia del espectáculo. Por encima del resto de los jugadores, Beckham es un icono que gracias a las mujeres, asiáticas o no, multiplica por dos la cantidad de público. No parece, además, una casualidad, dentro del pop, que su pareja sea una antigua Al interés deportivo Beckham añade el punto más
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