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23 de junio 2006 - 00:00

La Selección se juega a todo o nada

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Mientras Pablo Aimar y Juan Pablo Sorín eluden banderines como si fueran rivales, Juan Román Riquelme, Fabricio Coloccini y Gabriel Milito trotan para estirar los músculos en el entrenamiento argentino en Leipzig.
Ahora comienza un nuevo torneo. Todo lo hecho hasta ahora para clasificar en el llamado «grupo de la muerte», incluido el 6 a 0 a Serbia y Montenegro, sirve nada más que de antecedente, porque ahora cada partido es a todo o nada.

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Por eso los jugadores argentinos y el cuerpo técnico son cautos en sus declaraciones y marcan a un México que clasificó con el peor puntaje, como un rival «difícil» y para ello muestran los últimos antecedentes como aquel partido que hubo que definir por penales en la Copa Confederaciones, también jugada en Alemania o en la victoria mexicana en la Copa América de Perú, después que Argentina venía de derrotar por 6 a 0 a Ecuador.

La principal virtud de los mexicanos es su garra. Ese «no darse por vencido, ni aun vencido» como decía Almafuerte y que obliga a la Selección argentina estar atenta los 90 minutos y no subestimar nunca al rival.

Pekerman va a hacer un planteo parecido al que hizo ante Serbia y Montenegro. No estará Nicolás Burdisso, que se confirmó que tiene un esguince leve de rodilla que lo mantendrá inactivo al menos por una semana y en su lugar jugará Fabricio Coloccini, pero volverán Gabriel Heinze, Juan Pablo Sorín, Javier Saviola y Hernán Crespo.

México viene con muchos problemas. Ricardo La Volpe, jaqueado por la prensa, mexicana no encuentra el funcionamiento de un equipo con errores en su defensa y con falta de manejo en su mediocampo, pero con una vocación ofensiva inquebrantable.

El partido entonces se va a jugar en ofensiva, porque aunque Argentina encontró un buen funcionamiento de su línea defensiva, por estilo y forma de juego no va a salir a especular con el contraataque, sino que tratará de manejar la pelota en el mediocampo para encontrar los espacios para definir.

Frente a Holanda, según Pekerman faltó eficacia. En los primeros dos partidos sobró. Argentina le marcó a Costa de Marfil sus dos goles, en sus dos primeros ataques y ante Serbia y Montenegro produjo nueve situaciones de gol y convirtió seis, por lo que este equipo en un «término medio» de eficacia puede marcar dos goles por partido con comodidad.

México juega con una línea de tres zagueros centrales en defensa, a la que se suman Mario Méndez del lado derecho y Gonzalo Pineda del izquierdo en forma ocasional, aunque los dos laterales prefieren atacar a defender, por lo que el negocio argentino va a estar por los costados aprovechando las espaldas de los laterales. Sorín y Maxi Rodríguez tienen que conseguir que ellos sean los perseguidos y no los perseguidores de Méndez y Pineda.

En cambio atacando México tiene «poder de fuego». Es muy difícil que esté Jared Borgetti, que se lesionó en el debut ante Irán y es temible por su juego aéreo, pero Bravo y Fonseca tienen velocidad y capacidad goleadora como para tenerlos en cuenta. La Volpe tiene también a Guillermo Franco, que no ha hecho un buen Mundial, pero que contra su país de nacimiento va a querer jugar un partido especial.

En definitiva es un partido accesible en la medida que el mediocampo consiga manejar la pelota, pero habrá que estar atento hasta el pitazo final del suizo Busacca.

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