El plantel de River, encabezado por Daniel Passarella, se retira cabizbajo tras la amplia
derrota ante Lanús. La cara del técnico lo dice todo.
Lanús apabulló a River y le puso fuego al torneo Clausura que ahora tiene tres punteros. Con un equipo juvenil salió a atacar desde el primer minuto y terminó ganando con amplitud.
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Su mejor virtud fue la movilidad. Lanús es un equipo muy dinámico que transita el campo de juego a un ritmo parejo y muy veloz. Con esa movilidad, superaron la presión de marca que hacía River en la mitad de la cancha y llegaban al área con mucha facilidad.
River no encontró nunca la pelota. Pusineri perdía con Leto, y Zapata era sorprendido por Aguirre, y por eso Montenegro no era bien abastecido y tenía que bajar a ayudar en la recuperación.
El gol de Sebastián Leto llegó como producto de ese dominio, y a partir de allí River se desordenó tratando de buscar el empate facilitando los contraataques de Lanús.
Agustín Pelletieri se fue erigiendo en la mejor figura del campo a partir del trabajo de quite en la mitad de la cancha y junto a Daniel Quinteros se encargaron de cortar casi todos los avances de River.
Para completar su gran actuación, Pelletieri marcó dos goles. El primero con un remate de afuera del área que se desvío en Cáceres descolocando a Lux y el segundo al recibir dentro del área un rebote de un tiro libre de Quinteros. Esos dos goles llegaron en un momento clave, porque finalizaba el primer tiempo y no le dio oportunidad a River de reaccionar.
En la segunda etapa, River salió a tratar de revertir la historia y jugó diez minutos muy buenos desde la habilidad de Montenegro y los desbordes de Higuaín y Zapata. El gol de Farías le dio ánimo para intentar la «remontada», pero Lanús se paró firme en defensa y River se equivocó al abusar del juego aéreo permitiendo el lucimiento de Gioda y Mauricio Romero.
A partir de los quites de Pelletieri, Lanús retomó el dominio y en un contraataque Fabbiani marcó el cuarto gol que terminó de derrumbar a River. Lanús, ya sabiéndose ganador, mostró todo el brillo de su juego, tocando y haciendo circular la pelota ante la desesperación de River.
A pesar de la juventud de sus jugadores, demostró que es un equipo maduro y que no es casualidad que haya ganado todos los partidos que jugó en su estadio en este torneo Clausura. Es el equipo del que nadie hablaba y ya está a un punto de los tres punteros (River, Boca y Newell's) esperando su oportunidad para llegar a la punta.
Este amplio triunfo ante River le permite empezar a soñar. Sabe que está a la altura de los mejores del torneo y que no lo tenían en cuenta porque tiene un plantel sin grandes figuras, ni jugadores experimentados y un técnico «desactualizado» que no aplica recetas defensivas, jugando todas sus fichas a una pelota parada. En cambio, tiene virtudes futbolísticas que parecían haber entrado en desuso: habilidad, inteligencia, juego y vocación ofensiva. Virtudes tan antiguas como el mismo fútbol.
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