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9 de septiembre 2026 - 11:28

LIV Golf entró en quiebra: la liga saudí que desafió a la PGA Tour terminó su era disruptiva y ahora solo busca sobrevivir

El circuito acumuló deudas de hasta u$s1.000 millones y perdió el respaldo financiero del fondo soberano de Arabia Saudita, que había destinado unos u$s5.000 millones al proyecto. Ahora busca continuar con capital privado, propiedad de los jugadores y un formato más convencional.

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El circuito Live Golf, que había nacido con los petrodólares de Arabia Saudita para desafiar el poder de la PGA, entró en convocatoria de acreedores y ahora busca sobrevivir.

@Live Golf

LIV Golf llegó al mercado del deporte profesional con una billetera prácticamente ilimitada. Cuatro años después, el proyecto que Arabia Saudita utilizó para desafiar el poder del PGA Tour terminó en concurso de acreedores. La liga acumula pasivos de entre u$s500 millones y u$s1.000 millones, mantiene cientos de millones de dólares en obligaciones y prepara una reestructuración que cambiará por completo el modelo con el que intentó revolucionar el golf.

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El circuito presentó una solicitud de concurso de acreedores ante un tribunal del Distrito de Nueva Jersey, Estados Unidos. La compañía tiene entre 1.000 y 5.000 acreedores y entre ellos aparecen algunas de sus principales figuras.

El español Jon Rahm encabeza la lista con u$s7,47 millones pendientes de pago. Le siguen Bryson DeChambeau, con u$s5,76 millones; Dustin Johnson, con u$s5,48 millones; Cameron Smith, con u$s4,83 millones; Adrian Meronk, con u$s4,43 millones; y Tyrrell Hatton, con u$s3,37 millones.

También figuran Abraham Ancer, Brooks Koepka, Caleb Surratt y Joaquín Niemann, entre otros. Entre los acreedores corporativos aparecen además compañías como IMG y MDBEAST.

El dato que explica la crisis está en el origen mismo del proyecto: el dinero saudí dejó de fluir.

El Public Investment Fund (PIF), fondo soberano de Arabia Saudita, fue el principal impulsor económico de LIV Golf. Durante cinco años destinó aproximadamente u$s5.000 millones para financiar la expansión del circuito, atraer a las principales estrellas del mundo y construir una alternativa global al PGA Tour.

La estrategia tenía una lógica financiera y geopolítica. LIV debía utilizar el poder económico saudí para modificar el equilibrio de fuerzas del golf profesional. La contratación de jugadores como Jon Rahm, Brooks Koepka, Dustin Johnson y Bryson DeChambeau convirtió al circuito en una amenaza real para el PGA Tour.

El modelo requería un flujo de capital extraordinario.

Contratos garantizados, premios elevados, nuevas franquicias, expansión internacional y costos operativos hicieron que LIV necesitara una inversión constante para sostenerse. Cuando el PIF decidió retirar su respaldo, el problema dejó de ser deportivo y pasó a ser esencialmente financiero.

La compañía quedó obligada a buscar una salida para mantener sus operaciones. Y esa salida ya tiene nombre: LIV 2.0.

Capital privado para reemplazar al fondo soberano

La nueva etapa tendrá una estructura financiera muy diferente. BC Partners, firma de capital privado, prevé aportar aproximadamente u$s300 millones para respaldar la reorganización.

El propio PIF, pese a haber retirado su apoyo al proyecto, otorgará además un préstamo cercano a u$s50 millones bajo el mecanismo debtor-in-possession, que permite financiar las operaciones de una compañía durante un proceso de reestructuración judicial.

LIV espera completar el proceso a comienzos de 2027 y empezar entonces una nueva etapa con una estructura de propiedad en la que los jugadores tendrían la mayoría del capital.

Es un cambio radical respecto del modelo original: de una liga financiada por un fondo soberano a una organización que pretende funcionar como un negocio deportivo más tradicional.

De revolución a producto convencional

El cambio financiero también modifica la propuesta deportiva. La nueva LIV tendrá hasta 75 jugadores, frente al reducido grupo con el que comenzó, e incorporará cortes y clasificatorios los lunes.

La liga también planea organizar unos diez torneos y complementar el calendario de sus jugadores con competencias del DP World Tour.

El objetivo ya no parece ser competir en todos los frentes con el PGA Tour, sino ocupar un espacio intermedio dentro del mercado internacional del golf.

Australia, Sudáfrica, México, Inglaterra, Estados Unidos y Hong Kong aparecen entre los mercados previstos para los nuevos torneos.

Incluso el formato por equipos, uno de los grandes argumentos comerciales de LIV, perdió parte de su atractivo. El campeonato con eliminatorias fue cancelado en 2026 y el concepto de franquicias quedó reducido en buena parte de las semanas a una clasificación paralela dentro de un torneo convencional.

La organización pretende ahora reforzar las identidades nacionales de los equipos y explotar especialmente los mercados donde consiguió mayor respuesta del público, como Australia y Sudáfrica.

¿Qué queda de la apuesta saudita?

La pregunta económica es inevitable: ¿qué compraron realmente los u$s5.000 millones invertidos por Arabia Saudita?. La respuesta es una transformación del mercado, aunque no necesariamente en los términos que originalmente imaginó LIV.

El circuito consiguió romper el monopolio deportivo del PGA Tour, elevó el valor de los contratos para los mejores golfistas y obligó al establishment del golf a acelerar su propia transformación comercial. Sin embargo, no logró reemplazar al PGA Tour ni convertirse en el principal circuito mundial. Por el contrario, ahora necesita negociar su supervivencia dentro del mismo ecosistema que pretendía alterar.

La paradoja es evidente: LIV nació para desafiar el statu quo y ahora necesita integrarse a él.

Las estrellas, el próximo activo estratégico

El futuro de los principales jugadores será determinante para definir el valor de LIV 2.0. DeChambeau participó en los trabajos destinados a reestructurar los equipos y podría continuar en el proyecto. Rahm y Hatton, en cambio, mantienen abiertas sus opciones.

La situación de los jóvenes también será decisiva. Tom McKibbin, Josele Ballester, Caleb Surratt y Michael La Sasso aparecen como parte de la apuesta por construir una nueva generación de figuras.

El problema es que una liga que alguna vez utilizó contratos multimillonarios para garantizar la permanencia de sus estrellas ahora debe convencer a sus jugadores de apostar por un proyecto en plena reestructuración.

Mientras tanto, varios de ellos buscan la posibilidad de competir en el DP World Tour.

El fin de una guerra de cuatro años

LIV Golf ya no es la amenaza financiera que fue cuando apareció en escena. Durante cuatro años, el golf profesional vivió una guerra por jugadores, audiencias, patrocinadores y derechos comerciales. Arabia Saudita puso miles de millones de dólares sobre la mesa para construir una competencia capaz de desafiar al PGA Tour.

La estrategia logró generar una disrupción inédita, pero tuvo un costo enormee. Ahora LIV enfrenta deudas de hasta u$s1.000 millones, perdió a su principal fuente de financiación y necesita capital privado para reorganizarse.

La nueva liga tendrá menos dinero, menos ambición y un formato más parecido al de sus competidores.

El proyecto que nació para cambiar las reglas del golf terminó cambiando sus propias reglas para poder sobrevivir.

LIV 2.0 ya no busca conquistar el mercado., ahora busca convertirse en un negocio viable.

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