La Justicia francesa condenó ayer a los latinoamericanos Farid Mondragón (Metz), Pablo Contreras (ex Mónaco) y Emiliano Romay (ex Niza) al pago de una fuerte multa y la prohibición de pisar suelo francés durante dos años por el tema de los pasaportes falsos. En otras palabras, la Justicia fue mucho más lejos que los tribunales deportivos a la hora de sancionar.
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Este desenlace se veía venir, aunque hasta ahora los directivos de FIFA, UEFA y de los clubes europeos siguen mirando para otro lado. Habrá que decir que la responsabilidad de la entrega de cualquier pasaporte recae pura y exclusivamente sobre el Estado del país que lo otorga, por más que cualquiera pueda alegar que tiene un ascendiente de origen. No se entiende bien cómo es posible que una embajada o consulado (según el caso) pueda «dar vista» sin contar con los elementos necesarios para constatar (o respaldar) cualquier decisión. Sin embargo, habrá que darle la derecha en el caso de que se trate de documentos apócrifos.
En este último caso, surge la primera pregunta: ¿fue por una exigencia del jugador o de los clubes? Sin duda, el requerimiento salió de las entidades -o, mejor dicho, de sus directivos-, para contar con mayor cantidad de jugadores extranjeros. Si la entidad se hubiese mantenido dentro de las leyes y reglamentos, este escándalo que invade a toda Europa no hubiese ocurrido.
Lo dice claramente la posición de Gabriel Batistuta, a quien en reiteradas oportunidades le pidieron que se haga de un pasaporte comunitario y el jugador se negó de forma sistemática y a través del tiempo. Otros no lo hicieron así, tal vez llevados por la necesidad de tener trabajo o dejarle un hueco al club, como el caso actual de Verón, quien señala que «fue sorprendido en su buena fe». Y también es posible.
El tema no termina en la suspensión de los jugadores cuestionados. Habrá que señalar que «el empleador es responsable de las faltas cometidas por sus empleados». Si hubo dolo, es posible que todos los clubes que fueron derrotados, por ejemplo por el Metz se dirijan a la Federación de Fútbol Francesa, reclamando los puntos en disputa «por mala inclusión del jugador». Hay equipos que se irán al descenso, otros que quedarán desubicados y otros castigados (monetaria o penalmente).
Si en el fútbol de España e Italia puede provocar un verdadero disloque, ni hablemos si esta situación (¿por qué no?) se extiende a otros deportes como el basquetbol o el voleibol. De pronto, previendo las consecuencias es que todos prefieren -por ahora-el silencio, hasta los propios jueces que tienen en sus manos los candentes expedientes que involucran a argentinos, brasileños, uruguayos y colombianos en su mayoría. Esta es parte de una larga novela que recién empieza.
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