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7 de octubre 2002 - 00:00

River fue demasiado para las aspiraciones de Chicago

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Bastó que D'Alessandro «frotara la lámpara» y dejara cara a cara a Fuertes con Velázquez y aunque el delantero anda torcido con el gol, el rebote lo aprovechó Luis González para abrir el marcador y terminar con la resistencia de Chicago. Porque el gol los desorientó. La gente de Chicago -por entonces-no sabía si seguir defendiéndose o salir a buscar el empate.

Un desconcierto que fue letal. Porque River no perdona y menos cuando D'Alessandro está inspirado. Un impecable remate desde fuera del área del «diez de River» amplió la diferencia y comenzó un insistente toque que predecía muchos goles más.

LesionadoTilger, los técnicos interinos de Chicago hicieron entrar a Jesús, sin cambiar el esquema inicial. Siguieron armados para defender y buscar un contraataque salvador, lo que a esa altura parecía utópico. River consiguió el tercer gol y después jugó de «perdonavidas». Se dedicó a jugar en forma lateral la pelota y tratar de que el «cuarto» lo marcara Esteban Fuertes (que no convierte desde hace varias fechas). Como el gol no llegaba, Pellegrini «cortó por lo sano». Hizo ingresar a Cavenaghi por Fuertes, pero nada cambió.

Es más, parece o existe casi certeza como dicen los jueces, de que los jugadores profesionales de fútbol una vez asegurado el resultado se despreocupan del espectáculo y fue así: el partido decayó tanto que -por momentos-estuvo al filo del aburrimiento. Chicago cambió su esquema muy tarde. Precisamente cuando entró Carreño por Serrano y ya tenía tres goles en su contra, aunque el ex delantero de Boca logró descontar, ante un error deAyala y la displicencia de Comizzo.

Duró hasta que D'Alessandro se reencontró con la pelota y la ilusión de Chicago se evaporó. River volvió a su tesitura de «dejar hacer, dejar pasar...» como si fuera un picado de barrio, hizo correr la pelota sin patear al arco esperando que pasaran los minutos y que el partido terminara.

River demostró que no es menos que Independiente, que tiene individualidades de sobra y juego colectivo como para derrotar a cualquiera (de hecho es el único que le ganó al equipo puntero de Avellaneda). Depende de sus fuerzas físicas y anímicas para dar pelea hasta el final en la búsqueda del título.

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