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12 de abril 2002 - 00:00

River igualó y no pasó de eso

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Es difícil prosperar en ataque cuando un equipo no tiene conductor. Una carencia que tuvieron los dos. No es fácil suplir la ausencia de D'Alessandro, Ortega (que finalmente entró) o Cambiasso. Díaz intentó -sin suerte-con un jugador improvisado como Escalona. Tampoco el juego de River prosperó cuando Husaín buscó asociarse con Domínguez, que se movió más cerca de Astrada y Demichelis que de Muñoz. Tal vez lo mejor estuvo en las ráfagas que mostró Escudero, o en la entrega de Astrada en el medio campo. A decir verdad, el equipo recién cambió con el ingreso de Ortega, al menos ganó presencia de tres cuartos de cancha hacia adelante.

Algo parecido le sucedió a Talleres. Ausente Garay, toda la responsabilidad de generar juego en zona de «armado» quedó en los pies de Devallis, y se desvaneció en las proyecciones -infructuosas-de Lillo (luego de Roth) y Salas.

Los goles de Escudero y Astudillo apenas sirvieron como para salvar la imagen, tras una opaca producción de ambos. Otra vez quedaron en deuda. ¿El fútbol? Quedó para otra ocasión...



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