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Seguramente, los dos técnicos sabían que el demonio territorial de la zona media podía ser desequilibrante. Tanto Corinthians como River salió a buscar preminencia en esa porción de terreno.
Se sabe también que el que juega con un equipo brasileño no se puede permitir ninguna distracción. River la tuvo, Liedson metió la cabeza y empezó la disparidad. Sin embargo, el equipo argentino siguió con la misma tesitura: pelear la pelota en el medio y darle circulación, retenerla, pero siempre tratando de escalonar en terreno adversario y ganar espacios para el remate.
River lo consiguió, tanto que, de un tiro libre (jugada prefabricada) que terminó en centro de Coudet y cabezazo de Demichelis, llegó la igualdad, comenzó a emerger la figura de D'Alessandro (en gran nivel) y todo Corinthians empezó a ponerse nervioso, en la medida en que no podía prosperar en el campo. Resultado: debió soportar desde el minuto final de la primera parte la expulsión de Roger.
River se hizo de la pelota y, por momentos, apabulló a los brasileños. Se lo perdió primero Cavenaghi, después Fuertes, Zapata, parecía una goleada. Lo remedió de penal Fuertes, que marcó el desnivel y pase logrado.
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