Chatruc remata ante la marca de Bedoya. San Lorenzo dio vuelta el resultado con el ingreso de Luna y los goles de Acosta.
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Racing puede no gustar, en verdad es más fervor y sacrificio que fútbol, pero nadie puede negar que Osvaldo Ardiles con esos argumentos -aunque anoche no le dio resultados-logra un sistema de funcionamiento que complica a cualquiera. Así, el rival se llame San Lorenzo, tal vez con mejores individualidades, con algún peso mayor en la llegada, pero que se complica en la medida que no le dan espacios para maniobrar o hasta (como anoche) cuando encontró en pocos minutos los espacios que no encontraba.
Si el fútbol tiene algo distintivo es que los partidos no se ganan por merecimientos, ni por situaciones de gol favorables. San Lorenzo tuvo que trabajar y mucho, para superar esa doble línea defensiva de Racing, que sale con velocidad en la medida que la pelota pase por los pies de Milito o de Peralta, para tratar de sorprender con Romero o González.
A San Lorenzo le faltó volumen de juego cuando Chatruc, Michelini y Zurita estaban más para la contención que para el armado. Romagnoli solo no podía, Astudillo no acertaba y Acosta, debía pelear entre dos y tres adversarios. Ardiles se jugó con Morigi (por Estévez), pero el ingreso -fundamentalmente-de Luna (por Chatruc) y Herrón (por Zurita) le dio a San Lorenzo una mecánica diferente, otra salida y con mayor sorpresa en la llegada.
No sólo pudo salir de esa tiniebla que le creó ese cabezazo de Peralta, sino dar vuelta -inesperadamente-un resultado con una diferencia que en la cancha no se evidenciaba. Primero, con esa pelota que peleó Paredes y mandó a la red; y luego, con esos dos goles del «eterno» Beto Acosta, que le dio al partido cifras que minutos antes eran impensadas.
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