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Estos partidos nunca son fáciles. Pero, generalmente se tornan difíciles en la medida que se corre con un resultado adverso, un juego que se torna cada vez más importante y un reloj que camina de tal manera que hace que la responsabilidad se haga sentir cada vez más. Tal vez porque las ganas de triunfo se hacen un contrapeso. Le pasó a San Lorenzo, que tuvo la pelota (por lo menos en la primera parte), el dominio del juego, cierto espacio para maniobrar, pero inoperante en tres cuartos de cancha, porque nunca encontró espacios para el remate.
Tener la pelota y administrarlamal, es como no tenerla. Si bien sirve para que su adversario -la gente de The Strongest en este caso-no tenga posibilidades de concretar algún contraataque, el juego se hacía indefectiblemente anodino. Tanto que el equipo boliviano -que había salido con un solo hombre de puntacomenzó a adelantarse en el campo, cortar a San Lorenzo en el medio y obligaba a los delanteros locales a salir por los laterales y terminar con un «ollazo».
De todas maneras lo tuvo el «Beto» Acosta, más tarde Carreño y alguna más, pero las razones las seguía teniendo Clausen. No tanto por el planteo defensivo de The Strongers. Por lo menos hasta que llegó esa pelota que superó (inexplicablemente) a Soria y Acosta mandó a la red. Para San Lorenzo fue una inyección anímica, pero The Strongest comenzó a ser un cúmulo de dudas, a pesar de que Montillo y Ormazábal no aportaban claridad, que Carreño y Acosta (ni después Díaz ni Luna) imponían presencia ofensiva, más allá de incursionar cerca del área. Con la ayuda de Paz García, con un gol en contra consiguió el empate y con un inexplicable penal de Capria, Cohelo logró el gol boliviano. San Lorenzo fue pura presión y desorden y no le alcanzó.
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