San Lorenzo el sueño se le está transformando en una pesadilla, y aunque los dos últimos triunfos -ante los suplentes de Estudiantes y con el «necesitado» Racing- amortiguaron un poco la gravedad de la crisis, ésta se puede acentuar hoy si no le ganan a Real Potosí y quedan al borde de la eliminación en la Copa Libertadores. El rival es débil, pero se hace fuerte en los 4.200 metros de altura (400 más que en La Paz), donde el oxígeno escasea y «la pelota no dobla».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Para festejar el centenario del club, los dirigentes reforzaron el equipo para conquistar la Copa Libertadores de América.
Sin embargo, ninguna contratación de jugadores garantiza los buenos resultados y cuando uno hace una inversión tan grande en jugadores nuevos, debe equiparar los sueldos con los que tiene y eso no pasó, lo que creó el primer conflicto.
Los que conocen a Rafael Savino saben que es un hombre austero, casi gris. Un trabajador ordenado que llegó al club junto al empresario Alberto Guil, más para poner los números en cero, que para lograr campeonatos. Ellos pidieron la convocatoria de acreedores porque todos los días le aparecía un acreedor nuevo y pasaron cuatro años tranquilos, donde ganaron un campeonato local y una Copa Sudamericana con el chileno Manuel Pellegrini, a quien no pudieron retener porque se lo llevó José María Aguilar a River para reemplazar justamente a Ramón Díaz. Por eso no entienden que este hombre haya aprobado el contrato millonario del técnico riojano y la llegada con sueldos europeos de Andrés D'Alessandro y Gonzalo Bergessio.
Es cierto que se hizo cargo de comprar los jugadores un grupo empresario cuya cabeza visible es Marcelo Tinelli, pero los sueldos los tiene que pagar el club y eso produce un desbalanceo en la economía enorme.
La explicación está en el siempre mencionado « carisma» de Ramón Díaz. El riojano los convenció de que si querían lograr la Copa y pasar a la historia, tenían que apostar fuerte. No sólo a Savino, sino a Tinelli, a Carlos Abdo (dueño de Estática Internacional) y a todos los empresarios que terminaron formando el grupo de apoyo.
Es que de entrada el « pelado» hizo todo bien. Llegó a un club en crisis, donde Oscar Ruggeri había fracasado notoriamente en el torneo apertura perdiendo 7 a 1 con Boca y 5 a 1 con River, entre otros resultados catastróficos, y ordenó la cosa en un mes. Trajo a Cristian Ledesma de Argentinos Juniors y a la «Gata» Fernández colgado en River, convenció de que se quedara a Ezequiel Lavezzi y se echó toda la responsabilidad encima, liberando a un grupo de jugadores que llevaban consigo el peso de la derrota. Fue campeón del torneo y le recuperó la sonrisa y las ilusiones a toda una parcialidad.
En el Apertura no pudo repetir y aunque llevó al club a Bilos, Romeo, Menseguez y Juan Manuel Torres, sintió mucho la ausencia de Ledesma (vendido a Grecia) y apenas si consiguió un octavo puesto.
Novela
Allí, elecciones mediante, empezó la novela de la renovación de contrato y el llamado de Aguilar para que Ramón Díaz vuelva a River. Algo que ya estaba concretado y se volvió todo atrás por las presiones mediáticas de Marcelo Tinelli, quien lo amenazó con una campaña en su contra por no cumplir la palabra. Este coqueteo le sirvió a Ramón Díaz para subir su cachet y un contrato que estaba redactado por un millón trescientos mil dólares pasó a un millón ochocientos, siendo por lejos el técnico mejor pago del fútbol argentino (Ischia en Boca gana una tercera parte de ese dinero) y para pedir refuerzos de jerarquía. Savino habría consultado a Julio Grondona, quien le habría dicho: «Dale para adelante, porque con este plantel no podés ganar la Copa».
Así, el grupo inversor, que además de Tinelli y Abdo tiene a dos amigos de Ramón Díaz, Gustavo Ranucci y el ex ministro de Justicia de Menem Elías Jassan, puso 5 millones y medio de euros para traer a D'Alessandro y Bergessio, y el club le firmó un contrato de 1 millón y medio de dólares anuales al primero y de 750 mil dólares al ex Racing. La apuesta del grupo empresario es que Ramón Díaz iba a revalorizar a los jugadores y ellos lo podrían vender en un año al doble, como hicieron con la «Gata» Fernández, a quien compraron en un millón de dólares y vendieron a México en dos.
Esto creó un conflicto en el plantel, en el que algunos justifican el principio de todos los males. El capitán Cristian Tula salió a declarar: «Nos hubiera gustado que primero arreglaran los contratos con nosotros, que fuimos los que clasificamos al equipo para la Copa, ganando el torneo Apertura». Es que el mejor pago de los que estaban en el plantel no llega a la mitad de lo que gana anualmente Bergessio.
Se acentuó cuando a Agustín Orión le negaron la posibilidad de ir al Napoli en 5 millones de dólares y le dijeron que en junio le iban a retribuir esta posibilidad con una transferencia a su medida. Ramón lo trató de « desagradecido», mientras seguía despreciando a Sebastián Saja, que es patrimonio del club, pero tiene que entrenar con la cuarta.
Dejá tu comentario