El fútbol sigue demostrando que sus variantes son infinitas. En juego, en tácticas pero, sobre todo, en jugadas preparadas. Tal es el caso que se vio en el fútbol sala de Brasil, donde un jugador llegó a simular un tropezón para generar la distracción del rival, en busca del gol.
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Daniel agarró la pelota y se preparó para ejecutar el tiro libre. La larga carrera que tomó indicaba que el remate iría derecho al arco, pero en su corrida hacia la pelota ocurrió lo inesperado. ¿Lo inesperado?
El futbolista simuló una caída y cuando todos se dispersaron al verlo tirado, desde el suelo, le cedió la pelota con la cabeza a Marquinho, que remató casi sin oposición al arco.