Del Potro y Mónaco festejaron los primeros puntos para Argentina en la serie.
La antesala hacía presumir que el arranque podía ser más que alentador. El 2-0 ante Kazajistán era un resultado previsible, sobre todo teniendo en cuenta el potencial argentino y el marco que aportaría un nutrido Mary Terán de Weiss, con alrededor de 10.000 almas fogoneando la victoria en medio del impiadoso frío. Si había algún margen para la duda ésta radicaba en cómo se daría el score. ¿Podrá Mónaco repetir su sólida actuación ante Hanescu, ante Rumania? ¿Se adaptará rápido Del Potro al polvo de ladrillo, tras dos semanas en Wimbledon, y en su regreso a la Davis tras casi dos años? Ambos interrogantes se despejaron con un rotundo sí. Los tandilenses arrasaron a sus rivales, con una contundencia demoledora. Mónaco vapuleó a Andrey Golubev por 6-3, 6-0 y 6-4 y Del Potro avasalló a Mikhail Kukushkin con un 6-2, 6-1 y 6-2.
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La actuación de Mónaco sorprendió. Tal vez porque se esperaba más de Golubev, N°45 del mundo, apenas dos escalones por debajo de su rival, pese al historial favorable al tandilense, desde ahora por 3-0. Sin embargo, se ausentó sin aviso. El mejor de los kazajos se cansó de cometer errores no forzados. Totalizó 72 en el partido y se equivocó demasiado con el drive. Rápido de reflejos, Pico no demoró en advertir las falencias y sacó provecho cada vez que se lo propuso. Dirigió sus tiros preferentemente al tiro más flojo de Golubev y varió bien los ritmos y los efectos. Otro punto fuerte del tandilense fue el primer servicio, con el que ganó el 80% de los puntos. Fue una labor convincente la de Mónaco, superior a la que había ofrecido en la primera ronda ante el rumano Victor Hanescu y muy lejos de la tibieza que exhibió durante la temporada europea sobre canchas lentas.
Independientemente de la importancia que implicó haber otorgado el segundo punto, algo que se infería por la abismal diferencia con su contrincante, la performance de Del Potro se valoriza sobre todo porque significó su reaparición en el equipo tras casi dos años. El 12 de julio de 2009 había disputado su último partido con Tomas Berdych, en Ostrava, ante República Checa, por los cuartos de final. Para encontrar una actuación suya en Parque Roca habrá que remontarse hasta el 21 de septiembre de 2008, cuando obtuvo el punto decisivo ante el ruso Igor Andreev, que le dio a la Argentina el boleto a la final. Del Potro tuvo enfrente a Kukushkin, N°67 del mundo, que tiene un título en su carrera 772.067 dólares en ganancias, contra 9 torneos ganados y 7.512.657 en moneda norteamericana de la Torre de Tandil. Igualmente, el 6-2, 6-1 y 6-2 del marcador resultó exagerado. El pupilo de Franco Davin tuvo 18 oportunidades de quiebre, de las que concretó sólo 8, y cometió demasiados errores no forzados en comparación con los tiros ganadores (36/37). Sin dudas, el cambió del césped londinense al polvo de ladrillo porteño repercutió en su rendimiento, más convincente desde los números que desde lo tenístico.
Pero poco importó el modo en esta jornada. La consigna de ganar se cumplió a rajatabla y el 2-0 deja a la Argentina a la vera de las semifinales. Mañana, Eduardo Schwank y Juan Ignacio Chela procurarán dar la estocada final ante Evgeny Korolev y Yuri Schukin para liquidar la serie, tal como lo hicieron hace cuatro meses ante Rumania. Y brindar una alegría en medio de tanta desazón futbolera.
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