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Gallardo primero marcó un golazo (dejando cuatro defensores brasileños en el camino) en una jugada en la que mostró habilidad, velocidad y potencia. Después, cuando el equipo volvía a dudar de sus propias fuerzas por el empate afortunado de San Pablo, conectó un tiro libre que se desvió en Luis Fabiano para marcar el 2 a 1. Pero, además, en los 53 minutos que jugó fue el conductor del equipo y se mostró siempre libre para recibir y tocar al compañero mejor ubicado.
San Pablo fue un equipo con demasiadas precauciones ofensivas, que fracasó en defensa (le marcaron tres goles y, de tener más precisión Montenegro, le hubieran marcado alguno más) y que sólo buscó atacar cuando iba perdiendo. Sobre el final, tuvo dos situaciones claras para descontar y las desaprovechó.
River sueña con ganar la Copa Sudamericana para contrarrestar el torneo Apertura que, casi con seguridad, ganará Boca y anoche dio un paso importante (sobre todo, en lo futbolístico) para poder lograrlo.
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