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El encuentro fue parejo, sin muchas situaciones de gol. Un Universitario timorato, con mucha gente en la mitad de la cancha y con pocas ideas para acercarse al arco de Peratta.
Vélez, por su parte, jugó a «media máquina», especuló con un error del rival y terminó llevándose todo gracias a la maestría de Leandro Gracián para ejecutar un tiro libre.
Fue un partido con más lucha que fútbol, donde se destacó Somoza por su entrega y donde ni Castromán ni Rolando Zárate tuvieron una actuación relevante ya que terminaron chocando ante una defensa pesada y torpe que cometió demasiadas faltas cerca de su área.
Vélez fue graduando su estado físico haciendo que el partido se convierta en lento, nunca desprendió en ataque a sus laterales y cuando salió lesionado Emanuel Centurión, el director técnico Miguel Angel Russo prefirió poner un defensor en lugar de otro mediocampista. Universitario tuvo más intenciones que fútbol y adelante sólo Piero Alva trató de desequilibrar con su habilidad, pero no fue bien acompañado por ninguno de los dos argentinos que se turnaron en el ataque: primero Rafael Maceratesi y después Gastón Sangoy.
En el mejor momento de equipo peruano cuando Alva había creado dos situaciones de gol consecutivas, llegó la contra del gol de Vélez y el equipo argentino, que ya se conformaba con el empate, se terminó llevando tres puntos que pueden ser clave en la sumatoria total de todos los grupos y hacer que a partir de octavos de final defina todos los partidos como local y ante el rival más débil de los que queden.
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