Quienes se desesperan por indagar las estrategias secretas del gobierno en materia financiera no descartan que se esté maquinando un default total, o sea, no sólo con acreedores privados por 88.000 millones de dólares, sino también con organismos internacionales de financiamiento si éstos se ponen muy severos -como ocurrirá- por caso exigiendo elevar 3% del superavát (2,50% Nación más 0,50% provincias) previsto para este año. De hecho, en uno de sus diálogos, Néstor Kirchner le preguntó a Eduardo Duhalde tiempo atrás: «¿Qué te parece caer en default con el Fondo?». Si fuera la estrategia -de enorme riesgo, es obvio-, lo básico del gobierno para una actitud así sería tener los últimos títulos, los BODEN, al día en el pago de sus rentas, totalmente separados de los defaulteados en posesión de fondos buitre y acreedores privados. Que se estén destinando ahora $ 870 millones para el pago de BODEN (el grueso de los vencimientos es en el año próximo) no necesariamente marca una estrategia de default total. También hay que tener en cuenta que si no se pagan ni los intereses de los viejos títulos desde hace dos años, tampoco se pueden dejar caer los nuevos, con los cuales se salvaron pagos a empleados públicos y el «corralito» porque equivaldría a repetir esta nefasta situación para los ahorristas y la protesta social sería clamorosa.
Ocurre que, desde hoy, ya es una realidad la posibilidad de embargos de activos argentinos (o de flujos financieros) tras haber vencido la prórroga de 90 días que el juez neoyorquino Thomas Griesa le había dado a la Argentina para que presentara una propuesta de reestructuración de la deuda.
Dejá tu comentario