La semana que acaba de terminar había arrancado con ganas de demostrar que siempre hay un piso a partir del cual los precios de las acciones, aunque más no sea por la dinámica misma del mercado, se empiezan a recuperar. Pasó el lunes, pasó el martes, pasó el miércoles, y a pesar del cúmulo de malas nuevas, el Dow seguía ganando terreno, aunque es justo reconocer que cada vez con menos convencimiento. La caterva de vendedores a cualquier costo, los menos experimentados y los ciclotímicos de siempre, se prendió desaforadamente a esta chance y comenzó a pregonar el fin de lo que había sido hasta hace apenas poco más de una semana el peor mercado bajista desde fines de los años 30. Sin muchos argumentos a la vista más que sus propios deseos, se apoyaron en los nuevos cambios legislativos que penarían con más severidad los fraudes contables, sin pensar que una cosa es la ley y otra muy distinta su aplicación. Llegaron así las dos últimas ruedas, la del jueves, cuando las Blue Chips perdieron 2,63% y la del viernes, cuando la baja fue de 2,27 por ciento, llevando el Dow a 8.313,13 puntos. Quedamos así con un resultado para la semana positivo en 0,59 por ciento, y negativo para los papeles tecnológicos en 1,13%. Lo que se dice un resultado "mediocre", especialmente si lo medimos sobre la base del volumen que no ha dejado de caer desde el lunes último. Es claro que no estamos frente a una "trampa de osos" (de ser así, lo hubiéramos indicado, como tantas veces). Pero el mercado ha caído tanto que ya parece demasiado hasta para los más pesimistas. Lo difícil es sacar conclusiones cuando en poco más de un mes se recordarán los atentados terroristas de noviembre de 2001. Ojalá que sea en paz.
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