26 de mayo 2003 - 00:00

Advierten que no será fácil

Analistas y economistas advierten que la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no será fácil para el gobierno de Kirchner. Sostienen, además, que el reclamo por parte del organismo para que se vete la suspensión de remates por deudas hipotecarias durante 90 días «es una cuestión menor».

La Argentina tiene un acuerdo firmado con el FMI hasta agosto próximo, aunque desde el directorio del organismo ya comenzaron las presiones para apurar una nueva negociación y para lograr la suspensión de la norma que prorroga los remates.

Rafael Ber
, de Argentine Research, opinó que la decisión de no vetar la prórroga aprobada por el Congreso «no tiene relevancia desde lo económico», y consideró que existe un «cierto capricho» del FMI con este tema. «Creo que ambas partes tienen que entender que esto no es un episodio central en la negociación», sostuvo Ber.

No obstante, que «los mercados lo miran por ahora como una pequeña piedra en el camino, pero lo que no saben es qué tamaño tiene la piedra».

•Tema menor

En tanto, el consultor Marcelo Lascano destacó que el cuestionamiento del FMI es «un tema menor» en la negociación entre la Argentina y el organismo multilateral, y señaló que la cuestión «excede las facultades de intervención del Fondo».

«Es un pequeño problema frente a la discusión que existe por grandes temas. Creo que el Fondo se debe tranquilizar», expresó Lascano, antes de advertir que el reclamo «forma parte de una relación que tiene componentes perversos, porque durante una década el FMI aplaudió muchos de los errores que nos llevaron a la situación actual».

Por su parte, el economista Norberto Sosa, de la consultora Raymond James, sostuvo que «un acuerdo con el FMI será una tarea titánica» para el gobierno de Kirchner. «No hay que olvidarse de que Eduardo Duhalde tardó un año en negociaciones para llegar a un arreglo de transición. La administración que viene tiene tres meses para lograr algo de largo plazo», señaló. Sosa recordó que «en algún momento veíamos que la negociación que hacía Lavagna con el Fondo nos hacía erizar la piel, pero trajo un resultado feliz». Opinó, además, que la postura del gobierno es «poner cara de malo, dar un mensaje duro, para luego sentarse a negociar y llegar a un punto razonable».

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