¿Ajuste por precios o por los salarios?
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En primer lugar, los índices de salarios oficiales tienen variaciones discretas más violentas que las que experimentan los índices de precios. Ello es así porque la modificación de los salarios convencionales y oficiales tiene una menor frecuencia que la variación de precios. En términos prácticos, eso implica que el índice salarial (y por lo tanto el de ajuste de los contratos) se mantiene constante por algún período y luego experimenta un brusco «salto» que equivale -más o menos- a varios meses de inflación. El gráfico adjunto muestra la variación del salario de convenio de operarios no calificados (promedio de industria y construcción), en términos reales, en la década del '80. Obsérvese la presencia de bruscos saltos del índice, aún mayores si se consideraran las variaciones nominales.
Por supuesto todavía es posible considerar métodos alternativos de ajuste, como el de aplicar tasas de interés (Circular 1.050, por ejemplo). El resultado (mayor o menor ajuste respecto de otros métodos) dependerá de cuán reprimido es el sistema financiero y qué tasas (activas o pasivas, oficiales o libres, etc.) se apliquen. En el largo plazo, alguien puede aducir que los ajustes por salarios o por tasa de interés probablemente no difieran significativamente (equilibrio bajo la «regla dorada»), pero presumo que muchos se preocuparán más por el corto plazo.
• Desempleo
En particular, el alto desempleo que se observa en la actualidad nos alejaría bastante del equilibrio de la «regla dorada», y por lo tanto el ajuste por salarios debería ser necesariamente inferior al ajuste por precios. En el caso que ello ocurriera, es decir que se ajustara por CVS que -durante un tiempo- puede crecer menos que el CER, correspondería preguntar quién se haría cargo de esa diferencia. La respuesta es en general: el acreedor. En el caso del sistema financiero el acreedor es el depositante, de modo que hay dos alternativas. O bien los depósitos pasan a ajustarse a un ritmo menor que el CER, o bien los contribuyentes pagan la diferencia. En este último caso estaríamos en presencia de un nuevo subsidio financiado por el sistema tributario (tal como se presentó por la conversión a pesos de deudas y créditos a diferentes tasas de cambio).
Hay también un escenario bastante probable. Es aquel en el que los bruscos ajustes por el CVS, aun cuando estén por debajo de los ajustes vía CER, lleven a una decisión política de romper la regla. En general no es lo mismo aplicar un ajuste de 5% mensual que uno de 34% al cabo de 6 meses. Si bien el deudor se beneficia por el retraso en el ajuste de las cuotas, la economía política de la cuestión indica que habrá fuertes presiones por «postergar» el ajuste, limitarlo a una «tasa razonable», o cualquier otro criterio arbitrario que permita establecer un número «políticamente correcto». En suma, no ajustar ni por precios (CER) ni por salarios (CVS).
En el fondo el problema no se resuelve eligiendo el CER, el CVS o cualquier otro índice. La cuestión central que no se discute y a la que deberían destinarse todos los esfuerzos es la de estabilizar la moneda, de modo tal que la elección del mecanismo de ajuste sería una cuestión de segundo orden. La errática política del Banco Central que ha per-dido su independencia del poder político, así como el desorden fiscal del gobierno federal y de las administraciones provinciales, no contribuirán sin embargo en el corto plazo a estabilizar el valor de la moneda. En ese contexto, ajustar por CER o por CVS puede hacer a algunos más o menos pobres en el corto plazo. En todo caso, limitar nuestra discusión a la elección del método de indexación es un indicio de que nos precipitamos hacia una economía todavía más desordenada y caótica que la que hoy tenemos.
(1) Hoy podría repetirse el cuadro si se desatara una política intervencionista que intentara aproximar los básicos de convenio a los salarios efectivamente pagados.




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