19 de julio 2002 - 00:00

Al que festejó, le tocó llorar

Al que festejó, le tocó llorar
¿Qué se puede decir? ¿Qué el mercado, considerando su medida más habitual del S&P 500 cerró marcando un nuevo mínimo para los últimos 1.852 días? Sí, es cierto. ¿Que los que apostaron el jueves a favor de las promesas de crecimiento económico que trasuntó el presidente de la Fed, deben estar llorando por su candidez? Seguramente.

Para decir la verdad, no hubo ningún motivo puntual realmente relevante para justificar esta nueva baja. Algunos hablaron que se disparó una serie de órdenes programadas de venta. Pero éste es el mismo argumento, en un sentido contrario que explicaba la suba del lunes. En todo caso, a la suba o a la baja, este tipo de operaciones sólo es un ingrediente más en un mercado que se mueve por otras razones que no son precisamente la decisión de un algoritmo matemático que vincula tasas de interés con valor del dólar, y rendimiento de las acciones. Para poner las cosas en perspectiva, de los 500 integrantes del S&P, apenas 36 han ganado algo de terreno este mes. La visión de más largo plazo tampoco es atractiva. De las últimas 17 semanas, el índice Wilshire 5000, el que abarca el mayor número de acciones cotizantes del país, ha caído en 15. Que ayer el Dow perdiera 1,56 por ciento al cerrar en 8.409,49 puntos, o que el NASDAQ retrocediera 2,88 por ciento, es apenas un grano de arena en una inmensa playa de pesimismo bursátil que tiene más de dos años de duración. Para peor, mirando los números que presentó Microsoft luego del cierre, es más que probable que esto siga, al menos en las próximas horas. Los inversores simplemente han perdido la fe en el futuro de las empresas, en la economía de su país, y posiblemente en su propio futuro. Por suerte algún día esto cambiará.

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