31 de enero 2001 - 00:00

AL RITMO DE ALAN GREENSPAN (31/01/2001)

PERIODISTA: El destino del mundo financiero está en manos de una decisión. O eso parece. Si hoy la Reserva Federal traiciona las expectativas y no baja las tasas de interés en medio punto, no van a alcanzar los botes para ponerse a salvo.

Gordon Gekko:
Es una deliciosa ironía. La suerte de la nueva economía en manos de un septuagenario.

P.: ¿Cree qué habrá lugar para una sorpresa?


G.G.:
Ya no hay espacio. Que Alan Greenspan se abrazara, tan prontamente, al credo del recorte de impuestos era la novedad que restaba. Tras su conveniente rotación, ya han quedado todos los astros alineados.

P.: Me refiero a la baja de tasas de interés. Todos los dealers primarios apuestan a que será una reducción de medio punto.


G.G.:
Así será entonces. Hay una única cuestión en cuyo pronóstico la comunidad financiera nunca se equivoca. Y ello es qué pasará con las tasas al cabo de una reunión de la Fed. Cuando resta una o, a lo sumo, dos semanas, la comunidad financiera se torna infalible.

P.: ¿Habla en serio?

G.G.: No hablaría con usted de ninguna otra forma. Revise sus antecedentes y verá que no exagero. La calidad de los pronósticos que se formulan en Wall Street, en general, es apenas mediocre. Digamos que aceptable, si usted se conforma con poco. Pero hay un récord envidiable en lo que hace a vaticinar el saldo de las reuniones de política monetaria.

P.: No parece un mérito de los economistas de Wall Street sino de la estrategia de comunicación de la Fed.


G.G.:
En un todo de acuerdo. La Reserva Federal transmite muy bien sus intenciones; teniendo en cuenta que los pronósticos se arman a partir de una madeja difusa en la que se entrelazan indicadores económicos, minutas atrasadas de reuniones y declaraciones de funcionarios de la Fed. Si el consenso espera una baja de medio punto y la Fed apuntase en otra dirección, los funcionarios de la institución o el propio Greenspan, la semana pasada, nos hubieran acercado una pista para enmendar el error. Eso han hecho siempre en el pasado.

P.: Quien calla otorga.

G.G.: La Fed no ganaría nada con propiciar una perturbación. Todo lo contrario.

P.: Medio punto a comienzos de enero. Y otro medio cerrando el mes. El NASDAQ se ha recuperado desde que comenzó el año pero muy poco tomando en cuenta el estímulo de un recorte de un punto entero en la tasa de interés.


G.G.:
Es un gran avance, un gran alivio comparado con lo que se vivió en cada uno de los meses de setiembre a diciembre. No lo olvide. Desde sus mínimos hasta los máximos promediando la semana pasada, el NASDAQ remontó más de 25%. No me parece escaso. Pero tenga en cuenta que la hemorragia de los balances no termina de cicatrizar. Diez días atrás el consenso de los analistas esperaba que las compañías tecnológicas aumentaran 2% sus ganancias por acción en la primera mitad del año. Tras los últimos informes y advertencias, las expectativas apuntan a un retroceso de 7%. Que el NASDAQ haya repuntado en ese marco es la gran contribución de la baja de tasas en la Bolsa.

P.: La Fed está ganando la pulseada.


G.G.:
Las condiciones financieras son mejores que en diciembre y mucho mejores aún que lo que permitía suponer una extrapolación. La disposición a tomar riesgos se ha recuperado rápidamente. Si usted mira el monto de colocaciones de bonos de alto rendimiento (o, si usted quiere, llámelos bonos basura), verá que en enero se ha triplicado el volumen de nuevos lanzamientos con respecto a los montos acumulados en todo el cuarto trimestre.

P.: Ese mercado había cerrado las puertas a las ofertas de nuevos instrumentos.


G.G.:
Es claro que ha reabierto, por lo menos, las persianas y las celosías. Y de nuevo; en un contexto en el que ha causado estupor la crisis de la energía en California y los defaults de compañías de primera línea y que, hasta que estalló la crisis, tenían credenciales crediticias inobjetables.

P.: También han mejorado las condiciones para los mercados emergentes.


G.G.:
Es muy claro. Todo apunta a una mejor separación de la paja del trigo. Se han aventado las condiciones que podían dar origen a una crisis sistémica. Ello no quita que haya dosis muy importantes de riesgo específico. Pero para los emergentes, por ejemplo, es un gran avance que no haya confusión entre justos y pecadores.

P.: La economía norteamericana no parece todavía capaz de una recuperación.


G.G.:
Esta semana tendremos un mejor panorama. El efecto más inmediato de la baja de tasas es contener el fuerte daño que mostraban las expectativas. No hay como la suba de la Bolsa para restablecer esa confianza.

P.:Ya hay voces que afirman que la economía cayó en la recesión.


G.G.:
Hay una recesión en la industria. Pero no en la economía, que es un agregado muchísimo más amplio. Estamos aterrizando, vamos a la velocidad a la que ocurren los aterrizajes. Y si será un contacto suave o brusco dependerá en gran medida de la habilidad del piloto. Que la Fed haya salteado enteramente la etapa habitual de retoques de un cuarto de punto demuestra que hay un accidente que Greenspan no quiere confrontar.

P.: Es preferible inflar de nuevo el globo que caer en una recesión.


G.G.:
Le puedo asegurar que Greenspan no despertaba ni la décima parte de la actual admiración cuando se lo encontró «culpable» de la recesión de 1990-1991.

P.: La Fed está dispuesta a una fuerte inyección de estímulo monetario. Y el nuevo presidente de los Estados Unidos, a su vez, apuesta a una fuerte reducción de impuestos. ¿Tendremos lo uno o lo otro?


G.G.:
Ponga algunas fichas en el casillero que dice «ambos». Chuck Grussley, que es un senador republicano, le preguntó a Greenspan en el Congreso si él pensaba que había alguna incompatibilidad entre ambos esfuerzos.

P.: ¿Qué dijo el chairman?

G.G.: Ninguna de la que él estuviera en conocimiento. ¿Qué otra cosa le contestaría usted a un senador? Pero el «timing» es muy diferente. Greenspan está actuando hoy cuando las papas queman, la rebaja de impuestos -aun apretando el aceleradorno llegará, en el mejor de los casos, antes de julio.

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