9 de abril 2001 - 00:00

ALCA: "Hasta ahora, negocio de empresas norteamericanas"

Luiz Felipe Lampréia fue el hombre que condujo la política exterior brasileña durante casi todo el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, hasta este año. Ahora dejó Brasilia, volvió a Rio de Janeiro y preside allí el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales -CEBRI, equivalente al CARI local-. De visita en Buenos Aires con motivo de la reunión de la ALCA, dialogó con Ambito Financiero sobre la integración continental y el comportamiento de la Argentina, Brasil y Chile frente a ese proceso. Lo que sigue es lo más importante del diálogo con el ex canciller de Brasil:

Periodista: En una época en que países como los nuestros se vuelven tan sensibles al problema del financiamiento externo, la política exterior comienza a tener en ese factor un condicionamiento muy fuerte.
¿Cuál fue su experiencia?


Luiz Felipe Lampréia:
La velocidad de las tormentas financieras y la vulnerabilidad que esas tormentas ponen de relieve implican una tensión especial en la política internacional. Pero eso no quiere decir que para Brasil la deducción haya sido que es imprescindible un alineamiento automático con los Estados Unidos, con el Fondo Monetario Internacional. Tenemos claro que existe una cuestión de flujos financieros, que a todos interesa porque nadie quiere que a Brasil le vaya mal. Pero por otro lado nadie puede pretender que Brasil abdique de tener una actuación política en su región o que se niegue a tener una visión propia de todo lo que no es financiero ni económico.

Proteccionismo

P.: ¿Qué opina usted del proteccionismo?

L.F.L.:
No hay país que no esté alejado del proteccionismo más primitivo. Mire el caso de Estados Unidos y el acero. En ese punto siguen siendo como eran en los años '30.

P.: ¿Y cuando usted planteaba el problema qué le decían?


L.F.L.:
No había argumento. Era un argumento de poder. El lobby del acero tiene un poder tremendo y por ahí van las cosas. Claro que después hay una serie de filigranas técnicas que no alcanzan a ocultar que es una posición de poder crudo. Lo mismo en Europa con la agricultura, en Japón con el arroz. Chile, que tiene una cultura muy purista, tiene un proteccionismo muy feroz en materia de agricultura, de lácteos, de cereales, etcétera. El proteccionismo es un hecho de la vida. En la política internacional no hay vestales y bandidos.

P.: Sin embargo, en Brasil comienza a detectarse a un grupo de funcionarios, entre los cuales incluiría a Fernando Henrique Cardoso, que parecen más dispuestos a hacer una apuesta a favor de una mayor apertura. ¿Me equivoco?


L.F.L.:
Creo que los 10 años que tenemos de experiencia con una mayor apertura han sido benéficos. Lo fueron en cuanto a la calidad de los productos, ayudaron a combatir la inflación, dieron opciones a los consumidores; en fin, crearon desafíos de modernización para la industria nacional. Y no es un proceso que se pueda dar por concluido. Pero hay un hecho básico y es que las industrias de nuestros países son menos productivas que las de aquellos con los que tienen que competir. De manera que si ese diferencial que es relativamente pequeño no es tomado en cuenta, las industrias nacionales no van a ser capaces de competir. De lo contrario habría un desplazamiento enorme de la fuerza de trabajo y del funcionamiento de la industria nacional que no nos podemos dar el lujo de permitir, sea por razones de carácter estructural de la producción, sea por razones de balanza de pagos. En Brasil ya tenemos un problema de déficit en transacciones corrientes que si lo ampliáramos mucho no seríamos capaces de financiar la diferencia.

Resistencia

P.:Vayamos un poco a la discusión sobre la ALCA. Brasil ha quedado claramente, como era previsible, identificado con la resistencia a ese proceso de integración y esto quedó cifrado inclusive hasta en la cuestión de las fechas. ¿Cómo ve esta discusión?

L.F.L.:
Es así como usted dice y por una razón muy simple. Brasil tiene el más grande producto bruto latinoamericano, tiene el sector productivo más amplio y tiene más que perder en una mala negociación. Aquí no hay maquinaciones ni posiciones ideológicas. Está todo muy claro.

P.: Pero entonces estamos ante un problema porque no hay ALCA sin Brasil, por la misma razón de la dimensión del mercado brasileño, ¿no es así?


L.F.L.:
En todo el comercio intra ALCA 80% se verifica entre los países de América del Norte, es decir Estados Unidos, Canadá y México. Para el restante 20%, 15% está en el Mercosur y, dentro del Mercosur, Brasil ocupa 10%. Si de ese 20% usted saca a Brasil, no tiene francamente mucho atractivo, ¿no es cierto? Y para Brasil no es obvio que la ALCA sea algo bueno. Puede serlo o no serlo y todavía no lo sabemos. Porque debe recordarse que además de una zona de libre comercio, estamos hablando de un mecanismo de preferencia para inversiones, servicios, propiedad intelectual, etcétera. ¿Cuál es la ventaja, en el caso de Brasil o la Argentina, de dar esa preferencia a empresas norteamericanas en detrimento de las europeas?

P.: Hay quienes sostienen que esta última pregunta sólo quedará resuelta como parte de una negociación política. ¿Qué opina de esa manera de pensar el problema?


L.F.L.:
Es posible porque en lo arancelario debe haber una discusión de parte a parte. Pero en lo demás se trata de reivindicaciones de las empresas norteamericanas o canadienses porque es utópico que nosotros vayamos a tener participación como inversores en los Estados Unidos o que hagamos negocios de propiedad intelectual allí. Y esto forma parte del paquete. Entonces me parece bien que, en algún momento, se defina esto: «Si yo te doy posibilidades para que tus empresas se vean favorecidas, ¿qué es lo que me das a cambio?». Hasta que esto no se discuta, ALCA será un mecanismo para facilitar la vida de las empresas norteamericanas y nosotros ganaremos muy poco.

P.: ¿Es cierto que se enojó tanto como cuando se anunció el acuerdo de asociación entre Estados Unidos y Chile?


L.F.L.:
No fue una cuestión de enojo. Pero hubo un cambio de orientación del gobierno Frei al gobierno actual. Eso sí, Chile debe compensar a nuestros países por hacernos perder esa preferencia, en su momento, cuando sea el caso. El propio acuerdo de libre comercio con Chile lo prevé.

P.: Usted está al tanto de que en la Argentina, desde oficinas del gobierno, se ha comenzado a hablar de la conveniencia de seguir los pasos de Chile...


L.F.L.:
Creo que la Argentina y Chile son países distintos. En números macroeconómicos, en su estructura productiva, en su política arancelaria, en su política industrial. No es la misma cosa ni se pueden comparar las facilidades que tendrá Chile para llegar a un acuerdo como ése con las que tendrá la Argentina.

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