Completó otro período más que suculento nuestro índice Merval. Esta vez acompañado por el Bovespa, pero distantes de lo hecho por un Dow Jones que sigue arrastrando una pesada mochila. El viernes no varió en nada la fórmula, logrando subir el indicador de precios un 0,8%, pero con escaso volumen ya quedando allí no más de doblegar otro techo, el de los 1.100 puntos. Que consiguió en el intradiario, con 1.103 puntos de máxima, aunque no pudo sostenerlo hasta la campanada final. Mucho más parejas las especies entre sí, se anotaron 27 papeles con aumentos, pero hubo otros 23 que acusaron negativo en la rueda final. Solamente un 10% de segmento es lo que ocupan los títulos privados en estos días, sobre totales de la Bolsa, siempre dejando recaer en la muy sobria oferta la responsabilidad de las nuevas alzas. Lo que hace más amplio el flanco expuesto a una toma de utilidad que difícilmente pueda ser asimilada, sin perjudicar los logros anteriores. Materia pendiente que no tuvo al principio de respuesta, acomodándose la plaza a vivir en una semiseca senda y que ya no pasa ni de los $ 50 millones diarios. La semana. Un 0,5% de rebaja en Wall Street, pero que fue casi un 11% de suba en el Bovespa. Y más del 9% para el Merval porteño. Contraste mayúsculo, con los mercados menores disparando hacia arriba y los principales luchando en la cornisa. Saber qué alienta a la plaza local, es difícil de desentrañar: salvo la falta de alternativas, que impide más fuga de las acciones y hace repercutir fuerte cualquier brisa de la demanda. La Bolsa festejó.
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