6 de abril 2001 - 00:00

Altibajos en Wall Street

PERIODISTA: Cruje Wall Street. Se está convirtiendo en una incómoda costumbre...

Gordon Gekko:
Un día cruje. Otro día -con frecuencia, el siguiente-resurge. Es una actitud cambiante. Son oleadas de pesimismo y optimismo que se alternan con un patrón que lo único que revela es la ausencia de convicción. Hoy Dell encendió una esperanza. Un día antes el NASDAQ era un páramo. Sí hay una constante es el estado de desesperación: ayer por estar adentro, hoy por no quedarse afuera.

P.: Un día naufraga, otro día sale el sol. Pero cuando usted hace las cuentas cada vez está más hundido en el fango...


G.G.:
Esa es la definición de un mercado bajista, de un «bear market»...

P.: Cada vez que Wall Street se desbarranca, a lo único que se atina es a mirar hacia la Fed...


G.G.:
Ya es un acto reflejo. Más bien es un desagradable tic nervioso...

P.: Como sea. Pero los futuros han aumentado las probabilidades que asignan a un movimiento anticipado de la Fed.


G.G.:
El mundo podrá destruirse pero antes la Fed habrá bajado las tasas. De eso no se preocupe. No nos sorprenderá una nueva era glaciar con tasas de 5%.

P.: ¿No alcanza con el desplome de la Bolsa?


G.G.:
La buena noticia es que no ha desatado el apocalipsis. Y su capacidad de provocar daño se ha reducido ahora que no persiste el «leverage», el apalancamiento, que sí existía un año atrás. La economía parece capear la tormenta de Wall Street en muy buena forma. Los bancos lucen bien (ya tendrán tiempo, pienso, de empeorar). Inclusive la industria -sin dudas inmersa en plena recesión-comienza a mostrar un destello de esperanza. Y dado que el problema central hoy es la escasez de ganancias en las compañías, Greenspan, aun queriendo, no podrá proveer una rápida solución.

P.: Esto no significa que no haya riesgos...


G.G.:
De acuerdo. Pero no que urjan a una intervención inminente.

P.: ¿Cómo evalúa el daño ocasionado en el NASDAQ? De nuevo hay una oleada de rumores referidos a empresas en camino a la bancarrota. Tiene el caso PSI Net, se habla de Lucent...


G.G.:
Hay sectores enteros que van a desaparecer en lo que era el negocio puro de Internet. Esto implica forzosamente la liquidación de esas compañías. ¿Qué queda, por ejemplo, del llamado negocio de B2C?

P.: De los negocios dirigidos de corporación a cliente minorista no queda nada.


G.G.:
Queda Amazon languideciendo a menos de 10 dólares por acción, después de superar los 100 dólares con amplitud. Jeff Bezos (su fundador), de ser el hombre del año según la reviste «Time» en 1999, pasó a ser un mero vendedor de buzones (de correo electrónico) en 2000... que ahora aconseja que el pequeño inversor no debe comprar acciones de Internet.

P.: Haberlo dicho antes...

G.G.: Estaba muy atareado preparando su propia emisión.

P.: ¿Sobrevivirá?

G.G.: Es una persona joven. Hallará consuelo en pensar que más perdió quien compró el papel a 112 dólares... Y ni siquiera mereció un recuadro en «Time».

P.: Me refiero a Amazon...

G.G.: Bezos tiene que sacar un conejo de la galera. Tiene que canjear esos bonos convertibles por participación en la propiedad de su compañía. O si no, encontrar un caballero blanco que se lleve la firma.

P.: ¿Que quedó del famoso B2B? De los negocios de compañía a compañía a través de Internet.


G.G.:
B2C fue la moda en 1999. B2B fue la estrella del 2000 y, claramente, el derrumbe del NASDAQ fue su tequila.

P.: Ud. citó varias veces el caso de Ariba, el papel líder en B2B...


G.G.:
Ha caído un poco.

P.: ¿Un poco? Un poco más de 90% desde su valor máximo.


G.G.:
De más de 160 dólares a apenas 6 hay un largo camino. Es verdad.

P.: ¿Era todo aire? ¿Todo una burbuja?


G.G.:
Nunca tuvimos mucho entusiasmo con estas cosas. Ud. lo sabe. Menos que menos cuando estuvieron en pleno apogeo. Me resulta por las mismas razones, muy difícil entender la actual repulsión. Pero hay una buena noticia. Como siempre ha sucedido con los avances tecnológicos, desde los ferrocarriles a los automóviles, la innovación subsistirá. Internet llegó para quedarse, aunque los pioneros perezcan.

P.: No parece muy alentador...


G.G.:
Fuera de Internet la situación es menos acuciante. Se podrá perder mucho dinero en el NASDAQ, pero si la compañía que se trate tiene un negocio tangible y no está endeudada o está sentada en una posición grande de cash (una situación muy frecuente en los «blue chips» tecnológicos tipo Intel o Microsoft) vendrán tiempos mejores. Mi impresión con el NASDAQ es que esta película ya la vi...

P.: ¿Cuándo?

G.G.: En 1999. Por supuesto.

P.: No discuto que se trata de los mismos protagonistas. Pero en 1999 el NASDAQ trepó 86%..


G.G.:
No se equivoque. Es la misma película. La única trampa es que quien maneja el proyector, esta vez, la hizo correr de atrás hacia adelante.

P.: Uno puede soportar una suba de 86%, pero con una baja de 60% quizás no llegue a ver el final de la exhibición...


G.G.:
Quizás el interrogante más grande resida en telecomunicaciones que es un sector en el que enormes posiciones de cash se trocaron por deudas monumentales en el espacio breve de dos o tres años. Allí se enraizan los temores sobre Lucent que es un proveedor de la industria. Pero no sólo de productos y servicios, sino también de financiamiento. El llamado «vendor finance» va a ocasionar más de un fuerte dolor de cabeza.

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