Anticipando flotación, el dólar llegó a superar $ 2
El dólar ayer tocó $ 2,05 en las casas de cambio en una tensa jornada en la plaza. Disparó las órdenes de compra la versión de que al canciller Carlos Ruckauf no le fue bien en los EE.UU. Las manifestaciones de apoyo de los funcionarios norteamericanos nunca excedieron la formalidad. La persecución de la AFIP con inspectores instalados en casas de cambio no hizo más que estimular el mercado paralelo. Como si fuera poco, una posible flotación del dólar a partir del lunes sacó del terreno definitivamente a los únicos que pueden ingresar divisas al país, los exportadores. Anoche, en Olivos, Eduardo Duhalde y el ministro Remes Lenicov discutieron esa medida. Hubo una sola objeción: si se dispone la libre flotación del dólar y el fin del control de cambios, poco se va a poder flexibilizar el «corralito» por temor a que se dispare aun más la divisa norteamericana. Ayer, el Central siguió interviniendo, vendiendo u$s 30 millones. A este ritmo, se consume en el mes más de u$s 600 millones de reservas. Al cierre, el dólar cotizó a $ 1,95. Se complica la pesificación porque los ahorristas en dólares ven licuarse sus tenencias en el «corralito» ya que se los quieren cambiar a $ 1,40. Curioso destino el de los que pregonan la alianza de la producción y denuestan el sistema financiero: terminan gestando un formidable negocio cambiario marginal, la proliferación de cuevas, la ausencia de crédito y nostalgias de la convertibilidad.
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La gente demandó dólares desde temprano
• Intervención
• Colas
En plena City porteña, tanto bancos como casas de cambio repitieron la imagen de largas colas frente a sus puertas, conformadas por ahorristas que querían hacerse de algunos dólares para resguardar su dinero de una mayor devaluación. Ello llevó a que no sólo los tres bancos oficiales -Nación, Provincia y Ciudad-, que vendieron a $ 1,70, debieran restringir el cupo de venta por persona, sino que varios bancos privados y algunas casas de cambio también se vieron obligados a implementar una medida similar.
Ayer, por caso, en la casa central del Banco Provincia se entregaron 300 números para comprar dólares, por un monto máximo u$s 1.000 por persona. En el Banco Nación, por su parte, el tope individual fue de u$s 500 dólares, aunque no hubo restricciones para recibir ahorristas.
Ayer el Central salió tarde (la segunda intervención fue a sólo 15 minutos del cierre) y mal. Ya que un valor de $ 1,65 al estar tan alejado de los $ 2 en los que se negociaba en el mercado desincentiva la compra de muchas entidades, que optaron por fondearse con divisas en stock.
«Si le compro al Central debo vender a $ 1,70, cuando la competencia de enfrente no baja de $ 1,90», explicó el tesorero de una casa de cambio de la calle San Martín.
Lo cierto es que también preocupa el ritmo de pérdida de reservas derivadas de las intervenciones diarias del Central. De mantenerse estos niveles, la autoridad monetaria habría consumido en un mes alrededor de u$s 600 millones. Además, una brecha de casi 40% como la que hay actualmente entre el precio del dólar libre y el oficial es una invitación a la subfacturación de exportaciones y a la sobrefacturación de importaciones, abortando cualquier atisbo de recuperación de reservas. Más aún si se prevé que en el corto plazo el gobierno planea dejar flotar libremente el tipo de cambio, eliminando el oficial.
• Especulación
En tanto, la segmentación del mercado cambiario, donde conviven el dólar oficial ($ 1,40), el «semilibre» o «de intervención» (ayer a $ 1,70) y el libre ($ 1,95) está favoreciendo la proliferación de «arbolitos» u otras modalidades especulativas. Cada vez son más quienes compran al tipo de cambio de intervención y venden en la calle a un precio similar al libre. Ayer realizando esta operación por un monto de u$s 1.000 se lograba hacer una diferencia no inferior a los $ 250.



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