15 de noviembre 2007 - 00:00

¿Aplicará el futuro ministro su pensamiento económico?

¿Aplicará el futuro ministro su pensamiento económico?
«Los acuerdos de precios sirven en el corto plazo, pero no como imposición, sino como parte de un esquema más amplio.» La frase fue formulada por el futuro ministro de Economía, Martín Lousteau, en 2005 en «Sin atajos», el libro que escribió junto con el economista Javier González Fraga.

A más de dos años de esta publicación y desde el momento que esté al frente del Palacio de Hacienda, Lousteau deberá lidiar con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, principal propulsor de los controles de precios.

En «Sin atajos», Lousteau evidencia sus principales pensamientos en materia económica. Así, manifiesta no adorar al dólar alto y reclama, en más de un párrafo, la necesidad del desarrollo de inversiones para lo que da por sentado, en 2005, una inminente actualización de tarifas energéticas que todavía no ocurrió. «Nadie quiere tener plantas inactivas por escasez de energía a precios competitivos, por lo que resulta prioritario despejar esta incógnita», sentenció en esa oportunidad.

Otro de los temas recurrentes es el incremento de precios que ya se empezaba a vislumbrar en 2005. Es así como propone la posibilidad de implementar un sistema de metas inflación. Como si supiera lo que estaría por venir, escribió: «Despotricar e intentar imponer por la fuerza lo que a la larga resulta inconsistente con la realidad no resulta una buena política y crea una suerte de psicosis colectiva».  

  • Párrafos salientes

  • A continuación, los párrafos más importantes de su libro:

  • Debe destacarse que la verdadera receta ortodoxa para combatir la inflación no es de naturaleza cambiaria, sino múltiple: fiscal, evitando los déficits excesivos; monetaria, a través de un Banco Central que no genere expansión monetaria sin demanda; y regulatoria, con una apertura razonable al comercio internacional y una adecuada desregulación de los mercados que garantice la competencia.

  • La comprensión de la inflación resulta una cuestión central. Además de los efectos de la devaluación, existe una combinación de factores que ha provocado, por un lado, un recalentamiento de la demanda en algunos sectores industriales y, por el otro, ciertos aumentos de costos que los empresarios pretenden, en un contexto de demanda fortalecida, trasladar a los precios.

  • Lo que realmente importa en términos de la competitividad es el tipo de cambio real multilateral. Por eso los esfuerzos tendientes a sostener el valor del dólar, en un contexto en el cual dicha moneda se deprecia con respecto a las otras divisas, genera una depreciación innecesaria del peso que contribuye al alza de los precios.

  • Si la autoridad monetaria intentara secar el mercado subiendo las tasas de interés, no lograría frenar el proceso inflacionario. Ello no quiere decir que las tasas no deban subir. Luego de la crisis vivida, diversos motivos ameritaban una tasa de interés real negativa. Sin embargo, a medida que la economía se recupera y que muchos de esos considerandos originales desaparecen, resulta lógico y deseable que se eleve, siempre y cuando se mantenga en niveles razonables.

  • La inflación se explica también desde la oferta. Es por ello que entre las principales medidas por tomar se cuenta el incentivo a la inversión. Algunas empresas tienen temores con respecto a la cuestión energética. Nadie quiere tener plantas inactivas por escasez de energía a precios competitivos, por lo que resulta prioritario despejar esta incógnita.

  • Los acuerdos de precios sirven en el corto plazo, pero no como imposición, sino como parte de un esquema más amplio. El fenómeno de la inflación es complejo en sus orígenes, pero muy importante a los ojos de la sociedad. Creemos que es fundamental que las autoridades expliciten claramente cuál es su posición frente al problema a través de qué mecanismos van a lidiar con las subas de precios y cuál es su compromiso en materia inflacionaria.

  • Avanzar en la implementación del esquema de metas de inflación podría resultar muy útil en la medida en que sea el propio presidente y todos los ministros quienes se involucren con dichos objetivos.

  • En lugar de reaccionar intempestivamente, el combate contra la inflación requiere un diagnóstico y un rumbo claros. Despotricar e intentar imponer por la fuerza lo que a la larga resulta inconsistente con la realidad no resulta una buena política y crea una suerte de psicosis colectiva, injustificada en vista de las condiciones macroeconómicas imperantes.

  • El desarrollo de los servicios públicos y la infraestructura constituye una condición necesaria para alcanzar una pauta de crecimiento autosostenido.

  • Existe conciencia de que la solución de transición que implicó el congelamiento de tarifas ya no debe extenderse más en el tiempo y que es necesaria una seria renegociación de los contratos vigentes.

  • Atadas al esquema tarifario se encuentran las necesidades de inversión. Estas deberían estar acordes con una realidad socioeconómica que muestra a una gran mayoría de la población sin acceso a los servicios básicos.

  • Pensando a largo plazo, la prioridad pasa claramente por el sector energético que incluye los servicios de gas y electricidad. El desarrollo de la industria y la consolidación de su expansión dependen fuertemente del aumento de la oferta en este sector.

  • Cuanto más alto sea el nivel de comercio exterior como porcentaje del PBI, mayor será el nivel de productividad y competitividad de nuestra economía y mayores las posibilidades de generar suficientes empleos con salarios altos.
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