Aranceles enfrentan a fabricantes e importadores de ropa y zapatos
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«Le pedimos simplemente que se aplicaran las normas del Mercosur y de la Organización Mundial del Comercio; el acuerdo de la zona prohíbe taxativamente los subsidios impositivos, y el calzado desde ese país llega con un subsidio de 40%. También la ONC permite aranceles antidumping, que jamás se aplicaron», decía un allegado a una de las tres grandes fábricas que quedan en el país.
Pero los industriales -en un infrecuente brote de optimismo- está pensando en llevar tres pedidos para cuando puedan juntarse con las nuevas autoridades económicas:
* que se impongan medidas antidumping a las importaciones desde China y Vietnam, tal como permite la ONC;
* que se reduzca a la mitad la participación en el mercado de la ropa y las zapatillas «truchas» (fabricadas en el circuito ilegal) o de contrabando; hoy la indumentaria «negra» muerde 50% de las ventas en el país, y 30% de las zapatillas;
* que se cumpla con la cuota de importación convenida con Brasil en 1999 de 8 millones de pares de calzado por año; por la «permeabilidad de la Aduana, el año pasado entraron al país 16,5 millones de pares, más del doble de lo acordado» dice otra fuente del sector.
Para apoyar el reclamo, los industriales reiterarán lo que ya viene diciéndose desde hace casi cinco años, pero que en los últimos tiempos tomó visos de mayor credibilidad: dos de las tres empresas más grandes de la actividad están considerando seriamente cerrar sus actividades productivas en el país, mudarlas a Brasil e importar desde allí. De suceder esto, se producirían entre 8.000 y 10.000 despidos, una catástrofe que la actual situación de la economía (y social) mal podría soportar indemne.
«En Alpargatas trabajan 5.500 personas, para Gatic (Adidas, LA Gear, etc.) otras 6.000 y para Unisol (Puma, de la familia Vedecyan) unas 500; además, sobreviven unas 400 fábricas de zapatos que emplean a un total cercano a las 2.000 personas. Entre las dos importadoras más grandes (Nike y Grimoldi) no llegan a 1.000 empleados», enfatiza la fuente.
A cambio, los industriales prometen que en poco tiempo («creemos que más o menos en un mes») comenzarán a verse los efectos de la reactivación, a partir de lo cual podrán exportar. «Si bien es muy difícil competir con la mano de obra esclava que utilizan en Oriente, cuando el mercado interno es fuerte es posible exportar cerca de 30% de la producción a ganancias marginales», dice el fabricante.



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