23 de marzo 2001 - 00:00

Aranceles enfrentan a fabricantes e importadores de ropa y zapatos

Los ejecutivos de las principales empresas textiles, de indumentaria y de calzado recibieron casi con alborozo los anuncios de Domingo Cavallo en relación con la posibilidad de imponer aranceles diferenciales para los bienes de consumo.

Desde ya, dijeron «off the record» sus voceros, la medida podría ser la diferencia entre la sobrevida y la muerte del sector, aunque saben que los derechos a la importación sobre zapatillas, zapatos y remeras no serán suficientes para garantizar su subsistencia de no atacarse el otro gran flagelo para la actividad: la ropa «trucha» o de contrabando.

Del otro lado de la cerca, sin embargo, la gente de las empresas que importan esos mismos rubros ya estaban pidiendo audiencias con el equipo del ministro, para tratar de controlar el daño (al menos hasta donde se pueda). Aducirán que no es posible regresar a políticas proteccionistas de una industria supuestamente ineficiente, y que los consumidores argentinos terminarán pagando más caro lo que compren por falta de competencia.

Curiosamente, habría dos ex funcionarios (uno de ellos que podría volver a serlo) involucrados en la negociación: se sabe que uno de los integrantes del «team» que acompañó a Ricardo López Murphy en su breve gestión trabajó como asesor de una de las principales importadoras del país; ese mismo economista, hoy ex funcionario, les había adelantado en su oficina de secretario que la industria del calzado y la ropa -según su visión- no tenían futuro en la Argentina. Los fabricantes lo «acusan» incluso de haber elaborado para su cliente un voluminoso estudio para poder importar con arancel cero.

Tampoco Javier Tizado desde la Secretaría de Comercio había dado solución a las quejas de los textiles, que pedían lo que ahora estaría a punto de hacer Cavallo: imponer aranceles a las importaciones desde Brasil que compensarán los subsidios abiertos y encubiertos que recibe el calzado de ese país.

«Le pedimos simplemente que se aplicaran las normas del Mercosur y de la Organización Mundial del Comercio; el acuerdo de la zona prohíbe taxativamente los subsidios impositivos, y el calzado desde ese país llega con un subsidio de 40%. También la ONC permite aranceles antidumping, que jamás se aplicaron»,
decía un allegado a una de las tres grandes fábricas que quedan en el país.

Por eso, la versión de un posible retorno de Tizado a la Secretaría de Industria, Comercio, Minería e Inversión resultaría «una mala noticia para nosotros», según admitió el informante. Parece prematura la «apertura de paraguas» cuando Cavallo ha dicho que no nombrará equipo hasta tanto no se le aprueben las leyes que le darán manos libres para su plan de reactivación.

Pero los industriales -en un infrecuente brote de optimismo- está pensando en llevar tres pedidos para cuando puedan juntarse con las nuevas autoridades económicas:

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que se impongan medidas antidumping a las importaciones desde China y Vietnam, tal como permite la ONC;

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que se reduzca a la mitad la participación en el mercado de la ropa y las zapatillas «truchas» (fabricadas en el circuito ilegal) o de contrabando; hoy la indumentaria «negra» muerde 50% de las ventas en el país, y 30% de las zapatillas;

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que se cumpla con la cuota de importación convenida con Brasil en 1999 de 8 millones de pares de calzado por año; por la «permeabilidad de la Aduana, el año pasado entraron al país 16,5 millones de pares, más del doble de lo acordado» dice otra fuente del sector.

Para apoyar el reclamo, los industriales reiterarán lo que ya viene diciéndose desde hace casi cinco años, pero que en los últimos tiempos tomó visos de mayor credibilidad:
dos de las tres empresas más grandes de la actividad están considerando seriamente cerrar sus actividades productivas en el país, mudarlas a Brasil e importar desde allí. De suceder esto, se producirían entre 8.000 y 10.000 despidos, una catástrofe que la actual situación de la economía (y social) mal podría soportar indemne.

«En Alpargatas trabajan 5.500 personas, para Gatic (Adidas, LA Gear, etc.) otras 6.000 y para Unisol (Puma, de la familia Vedecyan) unas 500; además, sobreviven unas 400 fábricas de zapatos que emplean a un total cercano a las 2.000 personas. Entre las dos importadoras más grandes (Nike y Grimoldi) no llegan a 1.000 empleados»
, enfatiza la fuente.

A cambio, los industriales prometen que en poco tiempo (
«creemos que más o menos en un mes») comenzarán a verse los efectos de la reactivación, a partir de lo cual podrán exportar. «Si bien es muy difícil competir con la mano de obra esclava que utilizan en Oriente, cuando el mercado interno es fuerte es posible exportar cerca de 30% de la producción a ganancias marginales», dice el fabricante.

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