Ni para caramelos: la alimentaria Arcor decidió el cierre transitorio (por quince días) y la suspensión de todo el personal (unas 160 personas, a las que se les pagará 55% de sus salarios) de dos de las tres plantas que posee en la provincia de Catamarca. La determinación, según voceros del grupo de la familia Pagani, obedece a la caída en las ventas de los productos que se fabrican en esas instalaciones, destinados en su totalidad al mercado interno. «En cambio, las plantas de Arroyito y Caroya, cuya producción está muy vinculada a las exportaciones, trabajan de manera normal», afirmó la fuente.
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En las catamarqueñas Alica y Carlisa, se producen alfajores marca Tatín y Corimayo, pan dulce Arcor, grisines, polvo para gelatina y flanes, todos ellos de fuerte presencia en el interior del país, pero con mercado prácticamente nulo en Capital y en Gran Buenos Aires. «La gente no está gastando en golosinas, aun a pesar de la flexibilización del 'corralito' y de que -quienes cobran sueldos inferiores a $ 1.500-tienen la misma cantidad de dinero en sus bolsillos que en noviembre», reconoció el informante. La venta de golosinas tiene como uno de sus principales canales de distribución a los quioscos, donde sólo se paga al contado.
De todos modos, la situación de este sector, como la de tantos otros, es complicada: las ventas de Arcor habrían caído más de 20% en relación con enero del año pasado. Esa menor facturación, obviamente, aún no ha sido compensada por mayores ventas al exterior, que podrían producirse a la luz de una (supuesta) mayor competitividad de los productos argentinos luego de la devaluación del peso. «Es demasiado pronto para eso...», reconoció el vocero de Arcor.
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