Guillermo Francos, presidente de la ARG, viajó el viernes a Estados Unidos a terminar de «abrochar» la devolución de la flota de Boeing 737-700 que la aerolínea había incorporado mediante el sistema de leasing, y reemplazarlos con los más anticuados (pero baratos) Boeing 737-200. Francos está en Atlanta desde el sábado; su gestión apunta a entregar ocho 737-700 y adquirir diez máquinas 737-200. Según fuentes de la empresa, el costo del alquiler de los aviones más nuevos es similar al de las cuotas de compra de los que los reemplazarán. «Un 'setecientos' cuesta cerca de u$s 35 millones; un 'doscientos' hoy puede conseguirse en poco menos de u$s 3 millones», dice una fuente del sector. Los aviones que adquirirá la aerolínea de Eduardo Eurnekian pertenecen a British Airways, que los radiará de su flota justamente para reemplazarlos por el modelo más nuevo. Las aeronaves se entregarían ya pintados con los nuevos colores de ARG, y con una novedosa configuración que -según prometen en las cercanías de Francos- «revolucionará la forma en que se viaja en la Argentina». Si bien nadie da detalles, es obvio que la afirmación se refiere a mayor confort a bordo (léase más espacio entre asientos). Dado que ARG está en concurso preventivo, la compradora será Corporación América (también de Eurnekian), que los cederá a la aerolínea.
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La doble movida sería una partida definitiva respecto de las prácticas de la aerolínea cuando se llamaba LAPA y era propiedad de Andrés Deutsch; la empresa había sido conformada tomando como modelo a la estadounidense Southwestern, que privilegiaba precios bajos por sobre servicio y espacio para sus pasajeros. Desde que la compró, Eurnekian aseguró que su filosofía era diametralmente opuesta: de hecho, el paquete de Saladix y el vaso de gaseosa que constituían la única pitanza a bordo de los aviones de LAPA han sido reemplazados desde hace tiempo por un más que razonable refrigerio.
Además de lo económico, las razones para devolver las máquinas más avanzadas tienen que ver con la estrepitosa caída en el número de pasajeros respecto del año pasado, y que ya ronda 55 por ciento. Esto hace que ARG y Southern Winds (SW), en la que Eurnekian tiene 20 por ciento del capital (el resto es de Juan Maggio) estén compartiendo códigos en gran parte de las rutas que se superponen. «Los repuestos y el mantenimiento de los 'setecientos' son mucho más caros que en el modelo anterior. Y las tripulaciones de 'setecientos', que deben estar mucho más capacitadas porque se trata de una máquina totalmente computarizada, no aceptan volar aeronaves de categoría inferior», dijo la fuente.
Justamente en el terreno laboral ARG podría encontrar alguna turbulencia en los próximos días: dada las reducciones de frecuencias en función de la baja de personas transportadas, la empresa propondrá suspensiones rotativas por un mes, pagándole $ 800 a los pilotos y $ 300 a las azafatas. Se esperan «cacerolazos» del personal para esta semana.
En tanto SW lanzó su propio programa de fidelización de viajeros frecuentes («Value Miles»), que en pocas semanas -trascendió- también facultaría a canjear millas en otras aerolíneas internacionales (¿American Airlines?). La otra jugadora del mercado interno, Dinar, también tiene en carpeta un programa de millaje; hasta que lo pongan en marcha, entregarán «dinares» (bonos), que luego podrán ser canjeados por pasajes. Como se ve, las aerolíneas deben agudizar el ingenio para tratar de sobrevivir a la crisis.
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