Comienza misión del FMI: Alberto Fernández busca replicar acuerdo Kirchner-Köhler

Economía

El objetivo es un plan de pagos que se inicie en 2024/2025, sin desembolsos extras del organismo y la exigencia de reformas estructurales.

Tanto Argentina como el Fondo Monetario Internacional (FMI), saben cómo terminará la primera etapa de negociaciones entre el país y el organismo internacional que comienzan hoy. El gobierno de Alberto Fernández le pedirá a Kristalina Georgieva y sus funcionarios técnicos, repetir la experiencia de Néstor Kirchner y Horst Köhler del 2003. Esto es, un plan de pagos sin condiciones de reformas estructurales, y sin dinero extra desde el FMI. Más específicamente, un plan de cuotas a pagar desde 2024/ 2025, sin que se reclamen desde Washington reformas laborales, previsionales, fiscales o impositivas, con la aceptación de los programas presupuestarios que tiene en mente el ministerio de Economía de Martín Guzmán y, sin que desde el Fondo haya desembolsos extras.

En números: que el país pague los u$s44.867 millones; sin reclamar pagos ni un sólo dólar extra de los 11.433 millones que restan liquidar desde el Fondo de los u$s56.300 millones originales por el total del Stand By que acordó el gobierno de Mauricio Macri.

El tipo de misión que comenzará a trabajar hoy, y que durante unos 10 días circulará por diferentes despachos oficiales y oficinas de representantes de la clase dirigente argentina, es una clásica “Staff Visit”. Diseñada por los técnicos del FMI como una primera avanzada para que los hombres y mujeres de Washington tengan una aproximación certera sobre la situación sobre la que deberán trabajar para un acuerdo formal con algún país. En el caso argentino la posición es más fácil de determinar, pero compleja de resolver. Sabe el jefe de la misión, el venezolano Luis Cubeddu, que el país no puede pagar en las condiciones establecidas, que quiere un plan de pagos, que está al borde del default general con el organismo y que la coyuntura macroeconómica local es difícil. Su misión era elaborar un paper con diseño conjunto con la norteamericana Julie Kozac, que leerá el jefe de ambos: el director gerente para el hemisferio occidental del organismo, el mexicano Alejandro Werner. Ese trabajo servirá para que en el corto plazo (a más tardar en noviembre), llegue al país una misión formal dentro de los líneamientos del “artículo IV” de la entidad; que negociará seriamente un acuerdo Facilidades Extendidas.

Cubeddu y su gente se dedicará desde hoy a visitar a los funcionarios más importantes de la conducción económica de la Argentina, incluyendo al ministro de Economía Martín Guzmán y el de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, al presidente del BCRA, Miguel Pesce, a la titular de la AFIP, Mercedes Marcó del Pont, al jefe de Gabinete Santiago Cafiero y su número dos Cecilia Todesca. Además pedirán audiencia con la Unión Industrial Argentina (UIA) y otras entidades empresarias, con la CGT y con algunos economistas de habitual conversación con el organismo. Y no necesariamente con buena relación con los integrantes del gobierno nacional. Como siempre sucede en estas oportunidades, no habrá que esperar declaraciones (ni prudentes ni altisonantes) de los visitantes, durante toda la “Staff Visit”; ya que, directamente, es algo que tienen prohibido. En ninguna de sus jornadas de trabajo local, que tendrá asiento en una oficina especialmente diseñada para la ocasión que funcionará en la sede del Banco Central; habrá conclusiones determinantes. Sólo alguna que otra pregunta y repregunta para que los técnicos puedan obtener la información necesaria para luego, ya de regreso en Washington, elaborar el papel para Werner.

Sin embargo desde Buenos Aires todos los funcionarios que se cruzarán con los visitantes tienen una cosa en claro. Lo que Alberto Fernández tiene en mente es un acuerdo similar al que en 2003 Néstor Kirchner y las autoridades del FMI negociaron duramente a poco de acceder el nuevo Gobierno al poder, y que derivó en un plan de pagos, sin imposiciones ni condicionalidades de parte del organismo que en ese momento manejaba el alemán Horst Köhler. La estrategia remozada desde el albertismo es repetir la experiencia, no sólo en las características económicas del acuerdo, sino en las circunstancias de su negociación; y repitiendo el mismo padrinazgo: el apoyo del presidente de los Estados Unidos ante el irreductible board del organismo.

El propio Alberto Fernández recordaba a comienzo de su gestión, cuando en aquel 2003 fue testigo, como jefe de Gabinete del primer kirchnerismo, del encuentro de septiembre de ese año en Nueva York, entre Néstor Kirchner y George W. Bush. El presidente de los Estados Unidos visitó al argentino en el hotel donde se hospedaba, y le ofreció su ayuda para resolver los problemas de deuda que mostraba la Argentina de esos años, caída en 2001 en default y comenzando a abrir las ventanas para una negociación futura con privados y organismos financieros internacionales. En aquel día de 2003, Bush le abrió sus contactos a Kirchner, lo que luego derivó en una presión del secretario de Tesoro norteamericano, John Snow, sobre Köhler, para que la propuesta de la argentina sea escuchada y, luego, aprobada. La firma del acuerdo se dio un mes después.

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