Superávit de junio llegó a $ 1.798 millones por mayor recaudación impositiva. Se proyecta un buen saldo favorable para todo el año de $ 15.000 millones. Crecimiento del PBI de 8% en 2004 y la inflación será inclusive menor: sólo 7%.
El superávit fiscal primario de junio ascendió a $ 1.798,5 millones, con lo que se cumplió, sólo en el primer semestre, la meta original pactada con el Fondo Monetario Internacional para todo el año, estipulada en $ 10.003 millones (luego ampliada a 3% del PBI, alrededor de $ 12.500 millones). El saldo positivo acumulado entre enero y junio fue de $ 11.835,5 millones, según informó ayer la Secretaría de Hacienda, que dirige Carlos Mosse.
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Así el superávit de caja del sector público creció 143% en comparación con junio de 2003, cuando fue de $ 738 millones. El principal componente que justifica el salto, es el crecimiento de 46% de la recaudación impositiva en ese período. El mes pasado los ingresos del fisco sumaron $ 9.470 millones, impulsados por el Impuesto a las Ganancias, que aportó 76,8% más que en junio de 2003.
Los ingresos corrientes del mes pasado llegaron a $ 9.880,8 millones y las erogaciones sumaron $ 7.962,7, lo que derivó en un resultado primario positivo de $ 1.918,1. Durante el mes pasado, el país pagó $ 143,4 millones en concepto de intereses en divisa extranjera, y otros $ 143,7 en moneda local.
Con estos resultados sobre la mesa, se busca generar una buena señal ante el FMI, frente a otros numerosos incumplimientos con el organismo en la demorada tercera revisión del acuerdo.
En relación con mayo, el saldo fiscal favorable antes del pago de impuestos, cayó 65,3%. La merma se debe fundamentalmente a que en mayo, la recaudación alcanzó su máximo nivel histórico en $ 12.300, como consecuencia del vencimiento del Impuesto a las Ganancias, que llevó al superávit primario también a tocar niveles sin antecedentes ($ 4.378,1).
De esta forma, la Argentina dejó más que satisfechas las exigencias del Fondo en materia fiscal, pero al mismo tiempo despertó la atención de los acreedores que todavía esperan un mejora en la oferta de reestructuración de deuda. La exigencia de los bonistas gira en torno a un potencial pago en efectivo, una carta aún oculta debajo de la manga del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, insistentemente negada por parte del ministro Lavagna.
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