Cosa curiosa, o tal vez no tanto: el Dow cerró la semana que acaba de terminar con una variación nula. Mirando hacia atrás, tal vez lo que los precios de las 30 empresas más representativas de la industria norteamericana nos quieren decir con esto es que nada cambió de una semana a otra. O tal vez, y mirando hacia delante, la interpretación tenga que ver con que el panorama es tan incierto que lo mejor ha sido "no hacer nada" hasta no tener más datos. Un planteo similar podemos extender al precio de la energía, donde si bien el barril de (petróleo) crudo trepó de u$s 61,8 a u$s 62,63 -viernes contra viernes-, esto no se reflejó en el precio de la gasolina, cuyos contratos de futuro cayeron de u$s 1,83 a u$s 1,75. En el frente macroeconómico, las cosas no fueron mucho más claras. El aumento de precios minoristas de setiembre que conocimos el viernes mostró el salto más grande en un cuarto de siglo al trepar 1,2%, superando cualquier previsión, en tanto al desagregar la influencia de los productos energéticos y alimenticios apenas subió 0,1%. En principio, el mercado bursátil pareció prestar atención sólo al lado "positivo" de este anuncio y así se entiende por qué en la última rueda el promedio industrial trepó 0,69%, a 10.287,34 puntos. Esta semana el arribo de datos contables al mercado pasará a dominar el centro de la escena. Si bien la apuesta es que la perspectiva de una suba de 18% en las ganancias motorice la recuperación accionaria, tal vez termine siendo más significativo el más de 3% que han perdido las blue chips desde que arrancó octubre. El viernes los ánimos fueron mejores.
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