El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En un artículo que publica en el diario británico Financial Times, el ex número dos del Pentágono afirma que la ronda de Doha "tiene que ser un éxito" y para ello hay que permitirles a los países en desarrollo un "mayor acceso a los mercados globales".
"El comercio, y no la ayuda, es la clave para la creación de puestos de trabajo y el aumento de la renta (per cápita). El comercio permitirá a los países pobres generar crecimiento", escribe Wolfowitz, según el cual "la condonación de la deuda no lo logrará por sí sola".
"El comercio ha ayudado a 400 millones de chinos a escapar de la pobreza en los veinte últimos años. Y en Brasil, ese 20 por ciento de la población que vive con menos de dos dólares al día, quiere que los países desarrollados le abran más sus mercados para poder también superar la pobreza", agrega.
Wolfowitz advierte, sin embargo, de que la ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio fracasará si "los países ricos ven la apertura de mercados sólo como forma de complacer a sus grupos de presión nacionales".
"Tampoco tendrá éxito si los propios países en desarrollo no se reforman. Es cierto que los africanos, los pobres de Asia, Latinoamérica y otros continentes no votan en los países ricos, pero su pobreza tiene un impacto directo (sobre éstos) por otras vías, igualmente poderosas", escribe el presidente del BM.
Wolfowitz se refiere en concreto al crecimiento de los flujos migratorios desde el mundo en desarrollo a los países ricos, algo que califica de "comportamiento humano lógico" porque en este último grupo de países están las mayores oportunidades de seguridad, estabilidad y trabajo.
"Los alrededor de 30.000 africanos que se calcula que esperan en Marruecos y Argelia la oportunidad de entrar en España son sólo los últimos, pero no los únicos que buscan una vida mejor en un país más seguro", escribe también Wolfowitz.
Según el presidente del BM, "la apertura de mercados crea nuevas oportunidades, y no sólo para que la India y China vendan en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, sino también para que Ruanda venda a la India y China".
Ahora bien, para que algunos de los países más pobres puedan aprovechar plenamente las oportunidades comerciales que se les ofrecen, hay que prestarles, dice, mayor ayuda en el desarrollo de su infraestructura a fin de que sus productos lleguen más fácilmente a los mercados, lo que constituye un complemento esencial de la ronda de Doha y es algo en lo que trabaja el Banco Mundial".
Wolfowitz esgrime además un argumento moral a favor de poner fin a los subsidios y se pregunta "como podemos justificar que se dediquen 280.000 millones de dólares a apoyar a los agricultores de los países ricos, lo que equivale casi al Producto Interior Bruto total de Africa y a cuatro veces toda la ayuda internacional al desarrollo.
"¿Cómo podemos justificar el que se les impongan a los 2.000 millones de personas más pobres del mundo barreras dos veces más altas que las que se aplican al resto de la población? ¿Cómo aceptar un sistema en el que la parte de Africa en las exportaciones mundiales ha caído en los treinta últimos años de un 3,5 a un 2 por ciento?", se pregunta también el presidente del BM.
Wolfowitz afirma, por otro lado, que es importante prestar atención no sólo a lo que "se pone sobre la mesa", sino también a lo que se deja fuera y señala que sólo cinco productos agrícolas representan la mitad de los 280.000 millones de dólares de apoyo anual a los productores, por lo que sólo una pocas excepciones al libre comercio podrían tener un efecto enorme.
"Con frecuencia, un solo producto recibe miles de millones de dólares de subvenciones -los productores de leche reciben 39.000 millones de apoyo según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, mientras que la industria arrocera recibe 27.000 millones cada año", escribe Wolfowitz.
El presidente del BM añade que los países pobres muchas veces dependen de un solo producto, que representa tal vez tan sólo una fracción muy pequeña del comercio de un país rico, y pone como ejemplo el algodón.
"Los subsidios al algodón en los países ricos puede que no lleguen a los 5.000 millones al año, pero su impacto en los productores africanos individuales es enorme", critica Wolfowitz.