Londres (Bloomberg) - En lo que parece la fase final -de la crisis del crédito, una cosa quedó clara: muchos de los mayores bancos del mundo serán controlados por el Estado.
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Gran Bretaña es la más adelantada en este sentido. Esta semana Royal Bank of Scotland y HBOS cedieron el control mayoritario al gobierno a cambio de apoyo financiero. El Estado ya está planteando exigencias. Tendrá el derecho de estar representado en el consejo de administración, de fijar dividendos y de determinar la paga de los ejecutivos.
Otros países podrían hacer lo mismo. Alemania lanzó su propio paquete de rescate, y la canciller Angela Merkel aseguró que la manera en que los banqueros se pagan a sí mismos tendrá que cambiar. Incluso el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, prometió que el gobierno adquirirá una participación directa en bancos como Citigroup y Goldman Sachs.
Los banqueros están por convertirse en empleados gubernamentales. Para ello necesitarán pasar por un importante cambio cultural. En un segundo, la banca tendrá que pasar de ser un sector rudo, emprendedor y dinámico a uno gris, seguro y conservador.
Para que eso ocurra, sus cerebros tendrán que cambiar. Todo lo que una generación de banqueros está acostumbrada a esperar será olvidado, y se escribirán nuevas reglas.
Las primeras medidas serán cosméticas. Desaparecerá la cultura del trabajo y la diversión constantes. En su lugar, las jornadas laborales serán de nueve a cinco, con un descanso para tomar el té. Las reuniones serán sacrosantas; y las actas, indispensables. El funcionario de vigilancia contra la discriminación sexual ya no será una figura para divertirse, sino la persona más poderosa en la oficina. Con respecto a llevar a los clientes a clubes de « striptease», ni lo piensen.
Cambios
Fuera de broma, los bancos que acepten dinero del gobierno tendrán que hacer cambios reales para justificar su existencia. He aquí cuatro lugares por los que podrían empezar.
. Uno: los sobresueldos. No se deben reducir ni pagarlos en acciones, ni aumentar la transparencia, simplemente hay que eliminarlos. El responsable ejecutivo saliente de Royal Bank of Scotland, Fred Goodwin, aumentó su paga a más de u$s 7 millones el año pasado, aunque el banco marchaba mal. Sin duda, muchos de sus operadores recibían una paga igual de buena.
Cuando uno trabaja para una empresa gubernamental de servicios, sin riesgo de que quiebre, no puede esperar ganar más que un sueldo normal de clase media. Espere ganar lo que cobraría trabajando para un departamento de un gobierno local. El público no tolerará nada más. En el futuro los banqueros tendrán que aprender a vivir con una quinta parte de lo que están acostumbrados.
. Dos: es necesario promover los préstamos responsables. Entregar dinero para fusiones grandes o a empresas de capital riesgo ya no es aceptable, especialmente si esas empresas empiezan a cerrar tiendas o fábricas. Dejar que las compañías acumulen tanta deuda y que corran el riesgo de quebrar ya no será una opción. Sobre cada acuerdo, los banqueros tendrán que formularse una sencilla pregunta: «¿Nos placería que esto se debatiera en el Parlamento o el Congreso?» Si no, no lo hagan.
. Tres: es preciso promover el ahorro. Los bancos estuvieron repartiendo hipotecas y tarjetas de crédito como si fueran papelitos de colores. En el Reino Unido, la tasa de ahorro cayó a un mísero 1,1% en el último trimestre, según la Oficina Nacional de Estadísticas.
Los bancos ya no pueden desentenderse de su responsabilidad en este asunto. Por cada prestatario irresponsable, hay un prestamista igual de irresponsable. Si a los bares se les puede pedir que no sirvan bebidas a los alcohólicos, a los bancos se les puede pedir que no den tarjetas de crédito a los adictos a las compras. Tienen que dejar de enviar nuevas ofertas de tarjetas de crédito junto con los estados de cuenta de los clientes y deben examinar a los prestatarios con más cuidado, preguntarles por qué quieren el dinero y cómo planean pagarlo. Finalmente, los banqueros deben aprender a parecer humildes. Se acabaron los días de pavonearse como si fueran los dueños del universo. Por ejemplo, Royal Bank of Scotland gastó 350 millones de libras en una nueva oficina cerca del aeropuerto de Edimburgo. Una de las primeras tareas debería ser poner eso en venta.
De ahora en adelante, los bancos pueden olvidarse de los grandes rascacielos de vidrio y acero. Deben mudarse a oficinas aburridas y viejas en zonas menos caras de las ciudades.
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