En Uruguay existió hasta ayer un régimen de flotación sucia. El dólar se movía en una banda de 12% de variación entre el precio mínimo y el máximo, con un deslizamiento mensual de 2,4%, que apuntaba a una meta anual de 30% de devaluación, según lo estipulado por el Banco Central del Uruguay. Desde el abandono de la convertibilidad en la Argentina, el ritmo devaluatorio se había duplicado.
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