23 de abril 2001 - 00:00

Banqueros entre enojos y desconcierto con Cavallo

Los principales banqueros de la Argentina aprovecharon el encuentro del sábado con el ministro de Economía, Domingo Cavallo, para pedirle que baje de forma considerable el tono de su disputa con el titular del Banco Central, Pedro Pou. Y también vieron frustradas sus esperanzas de escuchar de la boca del ministro medidas que habían sido sugeridas por sus colaboradores.

En la reunión el ministro criticó a Pou y hasta que habría deslizado que ya tendría un reemplazante para la autoridad monetaria, lo que habría inquietado a los representantes del sistema financiero.

Tras el encuentro, organizado entre los banqueros y los funcionarios el viernes por la noche, y que se concretó el sábado a las 17 en el Palacio de Hacienda por espacio de más de una hora y media, los ejecutivos emitieron un breve comunicado calificando el diálogo como «muy positivo», fórmula de cortesía habitual en estos casos. El comunicado, sin embargo, no reflejó el enojo y el desconcierto que ganó a los empresarios ante Cavallo.

Luego de la reunión desarrollada con un hermetismo inusual, el ministro brindó una conferencia de prensa que, contra todos los pronósticos, fue utilizada (por Cavallo) para llevar tranquilidad a la población acerca de que la moneda no se va a devaluar, cuando en realidad se esperaban anuncios dirigidos a los mercados.

Por su parte, el comunicado de la Asociación de Bancos Argentinos (ABA), la entidad que aglutina a las principales entidades que operan en el país, calificó a la reunión de «muy positiva», y reveló que Cavallo «expuso los resultados de su reciente viaje por Europa y comentó los avances alcanzados por el gobierno en materia fiscal, en particular, a partir de la vigencia del impuesto a las transacciones financieras».

El ministro estuvo acompañado en la reunión por el secretario de Hacienda, Jorge Baldrich, el subsecretario de Financiamiento, Julio Dreizzen y el jefe de Asesores del Ministerio de Economía, Guillermo Mondino. Además, estuvo uno de los hombres más cercanos al ministro, Horacio T. Liendo (h), quien -según una versión-sería el nombre que tendría Cavallo «in péctore» para un eventual reemplazo en la dirección del Central.

Por los bancos concurrieron
Eduardo Escasany (Banco Galicia y titular de ABA), Norberto Peruzotti (director ejecutivo de ABA), Marcelo Podestá (Chase Manhattan Bank), Carlos Fedrigotti (Citibank), Patricio Kelly (Deutsche Bank), Antonio Martínez Jorquera (BBVA), Emilio Cárdenas (HSBC), y Enrique Cristofani (Banco Río). Uno de los participantes del tenso encuentro reveló a un hombre de este diario que «Cavallo parece decidido a sacarlo a Pou en los próximos días, y hasta sugirió que tiene un reemplazante».

Otro banquero dijo que se la había «sugerido» al ministro que se manifieste con claridad respecto de que se mantendrán las reglas de juego en lo que hace a la autoridad monetaria, «para que los operadores internacionales dejen de pensar que van a tocarse las reservas, lo que a su vez siembra temor respecto del futuro de la convertibilidad».

De todos modos, según coincidieron varios participantes del encuentro, lo que primó fue el desconcierto y hasta una fuerte decepción por la falta de anuncios concretos: «Desde el viernes a la noche la gente cercana a Cavallo estaba esparciendo el rumor de que el ministro regresaría con anuncios positivos de Europa, que aventarían buena parte de las dificultades que se crearon los últimos días. Lamentablemente no fue así...». Después del encuentro, la gente de Cavallo se excusó. «No se puede anunciar nada antes de informarle al presidente (De la Rúa); recién después de que se reúnan van a conocerse las medidas», dijo uno de sus allegados.

El viernes se notaba indignación en muchos banqueros por considerar que el agudizamiento de la actual encrucijada financiera había sido provocada por el propio Cavallo tras un buen comienzo de gestión.

«Si otro ministro argentino hubiera causado dos jornadas de caída tan brusca de mercados (por las del jueves y el viernes últimos) ya se le habría pedido la renuncia y se estaría convocando a Domingo Cavallo. Como esto lo provocó el mismo Cavallo al cumplir un mes en el cargo no sabemos qué pensar»
, expresó uno de esos banqueros.

Existe el convencimiento de que esta crisis la provocó el ministro por varios motivos. Unos dicen que es un
«agravamiento gratuito en que nos metió Cavallo». Otros creen que los motivos son políticos: propuso cambiar el respaldo a la convertibilidad de dólar a euro-dólar por mitades para demostrar que él implantó el sistema y que él solo era capaz de modificarlo, aunque tardara en suceder porque regiría si el euro (el viernes en 0,90) igualara en uno al dólar.

Carlos Menem
aspira a encolumnar electorado en su camino de retorno al poder en 2003 prometiendo dolarizar la economía. Cavallo, que también aspira a ser candidato, habría tratado de cerrarle el camino proponiendo lo contrario al introducir el euro como cotejo de paridad del peso.

Por ahora ganó lejos Menem,
ya que la mención del euro sembró desconfianza en los inversores y de allí se pasó a retiro de fondos en los bancos y canje de pesos a dólar, con lo cual se redujeron las reservas del país. La conclusión es grave: ni aún en emergencias financieras predomina la cordura por encima de los intereses electorales entre los políticos argentinos.

Más grave

Lo que se estima más grave es que ordenó por decreto del Poder Ejecutivo modificar la ley que regula la actividad del Banco Central. Con esto puso en su contra a los legisladores que responden al Poder Ejecutivo, quienes dicen que tal atribución no estaba entre los «poderes especiales» que por un año le votó el Congreso al ministro de Economía.

Esto lo enfrenta a Cavallo con el presidente del Central, a quien muchos consideran hoy
el único hombre que queda para calmar los mercados.

Primero Cavallo le impuso la extracción de u$s 500 millones de las reservas del país, colocándole títulos públicos para afrontar vencimientos. Esta medida, que sólo fue informada por Ambito Financiero en la Argentina-creó la primera desconfianza. Tras reformar la ley del Banco Central por decreto simple, Cavallo quiso imponerle a Pou rebajar el encaje bancario, o sea el dinero que están obligados a retener las instituciones ante el Banco Central por seguridad del sistema. Pou aceptó liberar u$s 3.000 millones, pero no más.

El miércoles pasado Cavallo avanzó más y dispuso que parte de esos encajes podrían ser no en dólares sino en títulos públicos. Además el mismo día le impuso títulos por 750 millones de dólares a las AFJP (instituciones que guardan el ahorro de quienes se van a jubilar en el futuro).

Pou retrucó con un comunicado a los bancos de que no rige ningún cambio de dólares a títulos públicos para los encajes y que se tomará tiempo para estudiar la medida. Además Cavallo propone volver al viejo sistema de remunerar los fondos que los bancos inmovilizan como encajes en el Banco Central. Este interés lo paga el Estado y constituye lo que se llamó un
«déficit cuasi fiscal», o sea que se suma disimuladamente al déficit presupuestario y puede ser considerado un engaño.

Ahora se han producido 48 horas de aguda crisis financiera y la Argentina pasó a encabezar el riesgo-país en el mundo; la única garantía de que se dispone de fondos para respaldar la moneda y los títulos de la deuda pública en una emergencia (léase default) es esta precaución de Pou de no aplicar la variación en los encajes.


Detrás de todos estos movimientos que llevaron al estallido de los mercados argentinos el jueves y viernes, se insiste en que Cavallo provocó innecesariamente el reagravamiento de la crisis. Otro de los factores negativos que sumó Cavallo es su oposición al Fondo Monetario Internacional, algo que también intentó en 1995 cuando era ministro del gobierno de Menem.

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