Bonistas otra vez en alerta: mantendrán sus papeles, pero reclaman acuerdo con el FMI

Economía

Los bonistas que ingresaron al canje de deuda organizado por el Gobierno en agosto del año pasado, mantendrán (al menos por ahora) sus posiciones en los títulos públicos canjeados; a la espera de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para después de las elecciones. Los precios actuales de esos papeles (no llegan al 22% de cotización) no invitan a la venta; y, se confía, al final de la historia habrá fumata por un Facilidades Extendidas entre Argentina y el organismo que maneja Kristalina Georgieva.

Pero se mantendrán en alerta a la marcha de las discusiones políticas internas del Gobierno, y presionarán ante el propio organismo para que se le exija al país un plan económico fiscal, monetario y macroeconómicamente sustentable para que en el período 2022- 2026, la cotización de los bonos canjeados en poder de los grandes fondos de inversión internacionales que permanecen con las posiciones argentinas (la mayoría) se recupere a niveles normales de cotización.

En esto coinciden fuentes de los acreedores que aún están concentrados y organizados en los grupos que representaron a los bonistas durante las negociaciones que llevaron al acuerdo en agosto del año pasado, llamados en aquel tiempo Grupo Ad Hoc de Bonistas Argentinos, el Comité de Acreedores de Argentina y el Grupo de Bonistas del Canje. Hoy la mayoría opera dentro del primero, desde donde periódicamente se lanzan comunicados de advertencia hacia el país y el FMI; llamando a un acuerdo y reclamando planes de ajustes que lleven a equilibrios fiscales y monetarios que luego deriven en una mejora en las cotizaciones de los bonos.

La intención primaria de los fondos de inversión que integraron estos grupos, era la de desmantelarse luego de la firma del acuerdo con el FMI (se lo esperaba para febrero/marzo de este año) y pasado un tiempo prudencial de la firma del Facilidades Extendidas. Se esperaba dejar el caso argentino en el olvido hasta nuevo aviso, descartando que la paz con el Fondo y el tiempo que el país pasaría sin obligaciones importantes de pagos a los acreedores (hasta el 2025), serían tiempos de desconcentración (y algo de ganancia) para los bonos criollos. Esto no ocurrió. Pasó el primer trimestre y en lugar de un acuerdo con el FMI, se profundizaron las diferencias dentro de la coalición gobernante sobre los plazos y alcances del acuerdo.

Esto, obviamente, fue leído por los bonistas externos que interpretan que esta demora en cerrar con el Fondo, es la principal causa en la pérdida de cotización de los bonos a niveles de default; con pérdidas millonarias para los tenedores de los papeles y la incógnita sobre qué sucederá con la capacidad de pago del país hacia 2025; cuando Argentina debería comenzar a liquidar el grueso de los compromisos firmados en agosto del año pasado. Fue por este panorama que los bonistas decidieron permanecer unidos y organizados. Y demandantes de respuestas.

Estos tenedores de deudas creen que un acuerdo con el FMI sólo será posible después de las elecciones. Y están dispuestos a esperar el resultado de las legislativas de noviembre. Consideran que un nuevo Congreso será más permeable a las intenciones de Martín Guzmán de lograr un acuerdo en el Legislativo que le avale lo negociado con el FMI. Descartan que el país cumplirá con los compromisos pactados con el Fondo hasta el momento de firmar el nuevo Facilidades Extendidas, pagando los dos vencimientos por u$s1.800 millones cada uno que deben concretarse en septiembre y diciembre de este año; y que antes de la liquidación de los u$s4.050 millones de capital de marzo de 2022, habrá acuerdo con el FMI. Se coincide en los fondos que no se deben pensar en pagos parciales, y se considera indiferente si esa liquidación es con reservas o con fondos aportados por los DEG del propio FMI o girados por terceros países como Rusia o China.

Están alertas sin embargo en lo que creen son pocos avances reales en las negociaciones con el FMI en cuanto a las pautas que debe cumplir el país en las metas fiscales, monetarias y macreconómicas para firmar el acuerdo. Se molestan por el pedido permanente de país de recibir un trato diferencial frente al resto de los países, y se consideran estos reclamos como trabas para el avance rápido de las negociaciones.

Se cree que una vez terminadas las elecciones, en el período noviembre 2021-febrero 2022, “Argentina tendrá que enfrentar la dura realidad y sentarse a la mesa a hablar de lo que nunca quieren hablar: el ajuste que debe hacer para resolver sus propios problemas económicos”. Mientras se llegue a ese tiempo, prometen mantener las posiciones en los bonos argentinos.

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