La inflación de casi 9% en lo que va del año ya provocó el retorno de las demandas gremiales por subas de salarios. Antes de las elecciones se preveía, para estos dos meses que restan del año, una mayor presión sindical. Por ello, la Unión Industrial Argentina se reunió con la cúpula de la CGT para recrear un consejo o un pacto social. Se ampliará con la convocatoria a más sectores. ¿Qué se busca? El ajuste a productividad de los aumentos de salarios, una nueva ley de accidentes del trabajo, cambiar indemnizaciones y reducir el empleo en negro. Difícilmente haya consenso con Hugo Moyano en este sentido. Igual, fue planteado este renovado intento de pacto social en una serie de reuniones con los ministros Tomada, Lavagna y De Vido.
Las dirigencias de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la CGT volvieron ayer a sentarse a una mesa; hizo falta la visita de un funcionario extranjero para que las centrales fabril y obrera retomaran el diálogo bilateral, después de que el ministro Roberto Lavagna -en una diatriba pública- defenestrara lo que calificó de «acuerdos de cúpula de espaldas a la gente». Lo llamativo es que el propio titular del Palacio de Hacienda recibió ayer por la tarde en su despacho a los dirigentes empresarios, después del almuerzo en la sede de la CGT.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
¿Quién fue el autor de este «milagro»? Jaime Montalvo Correa, presidente del Consejo Económico y Social de España. El visitante ya había estado con sus anfitriones de la víspera hace dos semanas en Madrid y en Salamanca, en ocasión de la Cumbre Iberoamericana. Montalvo Correa llegó a Buenos Aires desde Bolivia, donde había viajado para estudiar «in situ» la grave crisis que atraviesa ese país. La UIA lo convenció de venir a la Argentina y le preparó un menú de entrevistas que incluyeron -además de Lavagna- a sus colegas de Planificación, Julio de Vido, y de Trabajo, Carlos Tomada. Sin embargo, lo más saliente -podría decirse- fue el almuerzo con la CGT, del que participaron el embajador español Carmelo Angulo Barturén, el titular de la UIA, Héctor Méndez, y sus colegas Héctor Massuh, Juan C. Sacco, José I. de Mendiguren, Adrián Kaufmann Brea, Horacio Martínez y Daniel Funes de Rioja. Además de Moyano, por la CGT se sentaron a la mesa José Luis Lingieri, Juan Manuel Palacios, Jorge Viviani, Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Gerónimo Venegas, Julio Piumato, Amadeo Genta, Lidia Juárez, María Colaccino, Noé Ruiz, Marina Brignolo, Abel Frutos, Juan Carlos Schmidt, Vicente Mastrocola y Luis Pérez.
Cabe recordar que hacia fines del año pasado la UIA había intentado recrear el CES español en torno a cuatro puntos: actualización salarial en base a productividad, cambio del sistema de doble indemnización, nueva ley de ART y combate al trabajo en negro. La iniciativa naufragó por varias razones, entre otras la exigencia de ser incluidos de sectores que no habían sido convocados en primera instancia ( empleados públicos, empresas de servicios, por caso). El golpe de gracia, sin embargo, lo asestó Lavagna, que no consideró que eran el momento ni la mecánica oportunos para ponerlo en marcha (y además no había sido llamado a participar en su conformación). ¿Qué pasó ayer en la entrevista con el ministro de Economía? Básicamente el funcionario se limitó a escuchar el relato de Correa Montalvo sobre cómo funciona el CES en España; no prometió apoyos pero tampoco cerró la puerta a la iniciativa. «Me parece una herramienta útil», se limitó a afirmar.
En términos similares transcurrieron las reuniones con De Vido y con Tomada. A esos encuentros concurrieron Méndez, Massuh, De Mendiguren y Kaufmann Brea por la central fabril, más Angulo Barturén, acompañando a Correa Montalvo, quien debió repetir hasta el hartazgo no sólo que el CES está en la Constitución española, sino la lista de sus éxitos como «amortiguador» de conflictos y generador de paz social.
Una fuente de la UIA se apresuró a aclarar que «en esos diálogos no se tocaron temas puntuales como salarios, accidentes de trabajo, trabajo ilegal... Eso quedará para más adelante, cuando nuestro CES esté funcionando». De todos modos, quedó claro que las dos entidades fundadoras serán la UIA y la CGT, que invitarán a los otros sectores a sumarse.
La fuente no ocultó el propósito último de esta febril actividad: «Estamos buscando parar la puja distributiva que amenaza con descontrolarse. A nadie le sirve, ni siquiera a la CGT y mucho menos al gobierno, sobre todo si a causa de esta puja se produce un desborde inflacionario».
El propio Moyano, en el almuerzo, habló de « responsabilidad social», aunque esta frase podría interpretarse de dos maneras: que la CGT está dispuesta a sentarse a negociar, o (todo lo contrario) como un reclamo a los empresarios para que actualicen los salarios en función de sus mayores ganancias, y evitar así los temidos «desbordes» gremiales.
Dejá tu comentario