La conflictiva relación comercial con Brasil no le da respiro al gobierno de Néstor Kirchner. Ya no se trata de frenar la avalancha de electrodomésticos o pelear por el mercado del trigo, sino que ahora la fortaleza del real brasileño está complicando a los industriales argentinos. Porque de la mano de la caída del dólar en Brasil (más de 4% en los últimos meses) ha aumentado significativamente para los argentinos el costo de importar materias primas e insumos, y sobre todo productos manufacturados brasileños. A esto se suma el fuerte apoyo anunciado por el gobierno de Lula da Silva a los exportadores de ese país a través de más líneas de financiamiento del Banco Nacional de Desarrollo, que muchos aquí acusan de subsidio encubierto. La contracara de esta situación cambiaria es una mejora en la competitividad de algunos exportadores argentinos. Pero si nos guiamos por el desarrollo del comercio bilateral del último año, cuando el real ganó casi 20% frente al peso, esta mejora cambiaria no permite aventurar un crecimiento importante de las ventas externas a Brasil.
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La reacción del mercado no debiera sorprender sobre todo en vísperas de que el Banco Central encare una nueva suba de la tasa de interés Selic (hoy en 18,25% anual). Se percibe en el mercado brasileño que son pocos los interesados en tener dólares en la mano, lo cual genera espacio para que la divisa siga retrocediendo. En ese sentido ya varios analistas advirtieron que la moneda norteamericana podría cotizar cerca de los 2,50 reales.
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