23 de abril 2001 - 00:00

Caída fuerte de los mercados argentinos

Por una perdida radio de su provincia, La Rioja, a más de 1.000 kilómetros de Buenos Aires, el ex presidente Carlos Menem aconsejó ante una pregunta «comprar dólares lo más rápido posible».

Llegó el mensaje a Buenos Aires, y un canal de cable lo contactó telefónicamente al presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, a 10.000 kilómetros de distancia en Québec. Le informó de la declaración de Menem, y De la Rúa replicó: «Va a quedar solitario, totalmente solo (Menem). Es una declaración sin fundamento. No habrá devaluación ni dolarización».

Que no habrá dolarización (suprimir el peso y dejar como único circulante a la moneda norteamericana, como hacen Panamá y Ecuador en América latina) de hecho se descuenta en el actual gobierno argentino que, por el contrario, preconiza introducir al euro por mitad con el dólar para respaldo de la exitosa convertibilidad durante los últimos 10 años en la Argentina. Hasta ahora, la paridad era un peso-un dólar y respaldada por reservas del Banco Central argentino que llegaron a tocar los 30.000 millones de dólares hace un año.

Tras el enfrentamiento Menem-De la Rúa, se sucedieron las declaraciones de políticos -sobre todo de legisladores de la propia Alianza gobernantehaciéndose imputaciones.

La realidad, sin embargo, mostraba que la nueva abrupta caída de los mercados argentinos había comenzado muchas horas antes y que poco tenía que ver con el enfrentamiento de políticos y ex presidentes.

Los títulos públicos cayeron entre 3 y 5 por ciento en relación con el día anterior, el jueves, cuando ya habían perdido 2%. Es todo un récord de retroceso de cotización de títulos que están totalmente por debajo de su valor lógico, ya que dan rendimientos de entre 11% y 14% anual en un país que en su historia dejó de cumplir sus compromisos financieros nacionales e internacionales.

La Bolsa de Buenos Aires cayó 6,27% este viernes. Aunque no es fuente gravitante de financiación de las empresas, suele marcar, como todo centro bursátil, el estado de los mercados. Además fue récord de volumen de negocios.

El riesgo-país para la Argentina llegó a 1046. O sea, subió el viernes 11,51% tras haber trepado casi 5% el jueves. También es un récord. Basta pensar que el primer ministro de Economía de la Alianza, José Luis Machinea, debió irse del cargo cuando el riesgo-país había subido a 790 puntos. Volvió a crecer con su sucesor por 15 días, Ricardo López Murphy.

La prensa argentina, sobre todo la radial y televisiva, se dedicó a azuzar a los políticos entre sí frente a la aguda caída financiera de la Argentina. Sin embargo, los inversores, los mercados que los reflejan y los operadores no se guían por esas declaraciones demasiado simples. Se fijan más en lo que ordenan a las computadoras compradores y vendedores. Lo que marcan las cifras. Por caso hoy, que la Argentina está en riesgo-país arriba de Perú y también de Turquía, que era considerado el mercado más detonante. Este viernes pasó a ser la Argentina el país más riesgoso del mundo.

El primer afectado es Brasil, donde el dólar marcó este viernes otro récord al cerrar a 2,23 y su principal Bolsa, la de San Pablo, cayó 5%.

Default

Desde inversores a gobiernos, sobre todo de países latinoamericanos, temen que una caída en default (cese de pago de sus obligaciones financieras) de la Argentina provocará una nueva crisis grave para los países emergentes, pero también para los restantes.

En los banqueros hay indignación, porque han observado cómo de sus entidades se van depósitos y cómo en el Banco Central se reducen las reservas en divisas.

La dolarización total de la Argentina, que hace más de dos años propone el ex presidente Carlos Menem, y que niega -más por razones políticas dado que es lema de su antecesor en el cargo-el actual mandatario Fernando de la Rúa, se está produciendo de hecho, porque ante la confusión, los atemorizados argentinos aprovechan la libre convertibilidad del peso al dólar, se pertrechan más en moneda norteamericana.

Pero hay serios problemas de público en una economía que ya estaba dolarizada en 60 o 70 por ciento. Es el caso de los que tienen pesadas deudas en dólares. Esto va desde público medio y bajo que adquirió viviendas o autos en cuotas de dólares --expresamente lo autoriza la ley argentina para contratos-y las empresas. Son los centros neurálgicos de la actual situación. El otro es también muy importante: son los poseedores de títulos públicos argentinos en dólares. La caída del precio los ha perjudicado mucho, pero además existe la asechanza de que el gobierno no los pague o que los refinancie obligatoriamente.

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